por cristinalaird
El año no
comienza suavemente. Comienza con presión.
El 18 de enero de 2026, la primera Luna Nueva del año se
alza a 28° de Capricornio, con el Sol y la Luna fundidos en el
mismo grado, en el borde final del signo, allí donde los finales concentran
sentido y los comienzos llegan ya cargados de consecuencias. No hay aquí
inocencia cíclica. Hay iniciación después de la resistencia. Capricornio habla
con su voz más antigua:
Lo que ha sido sostenido durante tanto tiempo ahora debe ser
utilizado.
Desde esta lunación se abre un canal de liberación mediante un trígono casi exacto a Urano en 27° de
Tauro Este es un trígono (120º) que rompe el silencio. Urano, preparándose para abandonar Tauro el 26 de abril de 2026, se encuentra en sus declaraciones finales tras siete años de sacudir nuestra relación con la materia, la tierra, el cuerpo, el valor y la supervivencia misma. No se trata de una promesa futura. Es una culminación.Y dado que Sedna
se encuentra en 0°48’ de Géminis, en una conjunción fuera de signo con Urano,
este trígono se extiende más allá del planeta visible hacia el arquetipo más
profundo y frío que lo sostiene. El efecto es inconfundible: lo que fue vivido sin palabras ahora exige voz.
No se trata de
revelar lo que estaba oculto a la conciencia. Se trata de aquello que nunca fue admitido en el discurso. Las verdades que
emergen ahora siempre fueron conocidas, pero vivían en el cuerpo, en la médula,
en el instinto de sobrevivir en silencio.
Hasta ahora.
Sumando una
fuerza ineludible, Mercurio y Marte se encuentran
en conjunción a 26° de Capricornio, justo detrás del Sol y la Luna,
como placas tectónicas empujando hacia adelante con determinación. El
pensamiento (Mercurio) y la voluntad (Marte) avanzan juntos aquí,
disciplinados, comprimidos, afilados por años de contención. Esto no es un
hablar impulsivo. Es un hablar inevitable.
Capricornio no
explota sin razón, cuando lo hace, es porque la contención ha alcanzado su
límite absoluto. Lo que sigue se siente volcánico: no caótico, sino imparable.
Palabras que han
sido tragadas durante décadas ahora ascienden por pura necesidad. Las
declaraciones dejan de ser opcionales. El silencio deja de ser neutral.
Esta Luna Nueva
no describe solo un momento: marca el tono del año entero.
Aquí se cruza un umbral psíquico que dice:
Lo que ha sido
soportado en silencio debe ahora ser articulado,
o continuará erosionando los cimientos desde dentro.
La resonancia
Urano–Sedna garantiza que lo que emerge puede sentirse crudo, antiguo, incluso
perturbador, no porque sea nuevo, sino porque fue negado durante demasiado
tiempo. Son verdades nacidas en contextos donde hablar era peligroso, incómodo
o tenía un precio. Callamos por una culpa auto-impuesta o a veces por
vergüenza.
Ahora, el precio
ha cambiado. Los comienzos capricornianos nunca son ingenuos.
Son juramentos. Y este especialmente pues es una Luna Nueva, pero al final de
Capricornio, no al principio. Algo viejo culmina.
Esta Luna Nueva
no pregunta ¿qué deseas?, por el contrario nos
trae las preguntas: ¿Qué verdad ya no pude seguir siendo cargada de silencio?,
Qué responsabilidad pide ahora la palabra? ¿Qué futuro colapsa si estas
palabras no se dicen?
No es catarsis por catarsis. Es cambio un estructural iniciado por la voz. Como
alguien dijo: la montaña no se mueve rápido, pero cuando lo
hace, transforma el paisaje.
El 18 de enero de 2026 marca el momento en que el
suelo bajo el silencio finalmente se resquebraja, y lo que ha
esperado—paciente, congelado, vivo— comienza a hablar al mundo hacia otra
forma.
A medida que el
año se abre, Venus llega a una conjunción exacta con Plutón
en Acuario, un encuentro único en 2026 que no se repetirá
hasta marzo de 2027. No es una re-evaluación suave de las
relaciones, es un ajuste de cuentas inevitable.
Acuario exige
verdad, igualdad y viabilidad futura. Plutón arranca lo que sobrevive solo por
inercia.
Venus expone dónde el afecto ha sido confundido con hábito.
Las relaciones,
románticas, sociales, económicas, son presionadas aquí por una pregunta simple
y despiadada:
¿Esto todavía nos
permite convertirnos en quienes estamos llamados a ser?
Si la respuesta
es no, el vínculo no puede permanecer igual.
Lo que se
decide, se termina o se transforma radicalmente ahora resonará en Junio, cuando Venus se oponga a Plutón
desde Leo, exigiendo visibilidad, coherencia y coraje creativo. No habrá marcha
atrás silenciosa. Las decisiones tomadas aquí trazan un rumbo. Esto es el amor
y los sistemas de valor pasando de la comodidad a la consecuencia.
El mito de Orfeo en su viaje al submundo a rescatar a Eurídice, me resuena en este momento. La conjunción Venus–Plutón nos trae el eco del mito de Orfeo descendiendo al Gran Abajo para rescatar a Eurídice del reino de Hades (Plutón) quien concede el paso, pero impone la condición esencial:
no mirar atrás.
Mirar atrás
sería intentar que el amor vuelva a ser lo que fue. Pero Venus–Plutón enseña
que el descenso transforma irreversiblemente. El amor que
atraviesa el inframundo no puede regresar intacto.
Si se intenta recuperar la forma anterior de la relación, se la pierde.
Este aspecto no
habla de castigo, sino de verdad: lo que ha sido atravesado en
profundidad no admite marcha atrás.
La relación o renace distinta… o no regresa.
Por debajo de
todo opera la conjunción Eris–Quirón en Aries—la
segunda y última conjunción de estos arquetipos en nuestras vidas, siendo la
primera en 1970–71. Lo que comenzó entonces
alcanza ahora su formulación inevitable.
Esta conjunción
ha cargado durante décadas el dolor de: inmigrantes, mujeres, minorías
ignoradas, desplazadas o ridiculizadas, aquellas y aquellos que son
considerados «incómodos» para el relato dominante.
Lo vemos con
crudeza en lugares como Estados Unidos, Gaza y en innumerables territorios sin nombre
donde la supervivencia misma se convirtió en una declaración política.
Eris no pide ser
incluida educadamente. Kirón no sana olvidando.
Juntos exponen
el costo psíquico de la exclusión y este año hacen algo sin precedentes: se niegan a seguir siendo ruido de fondo. Cuando
escribo estas líneas, miles de jóvenes y no tan jóvenes se lanzan a las calles
a reclamar ser escuchados y exigir cambio.
En diálogo
con Urano–Sedna, esto equivale a entregar un micrófono
global a quienes nunca estuvieron destinados a hablar. Lo que fue soportado en
privado irrumpe ahora en lo público. No para provocar, sino para corregir la
historia.
Mirar hacia otro
lado ya no es neutral. Es una posición.
Y entonces llega
el cierre lento y epocal.
Saturno y Neptuno, ahora en movimiento directo, avanzan juntos
hacia los últimos grados de Piscis, disolviendo un largo capítulo marcado por
confusión, escapismo, espiritualización evasiva y la seductora comodidad del
victimismo y la adicción a las redes sociales.
Es el final de
una era en la que: la claridad se postergaba, la responsabilidad se diluía y el
sufrimiento se justificaba en lugar de atenderse.
Su inminente
conjunción en 0° de Aries—por primera vez
desde 4361 a.C.—no es una exageración poética. Es un punto de
inflexión civilizatorio. Este es el momento en que los ideales deben encarnarse o colapsar.
Piscis disuelve
el sueño.
Aries exige acción.
Juntos anuncian
que la creencia sin acción ha terminado.
Y del otro lado
de Plutón, y en conjunción exacta con él por grado, Vesta a 3° de Acuario se alza como el contrapunto
silencioso pero innegociable de la transformación Venus–Plutón. Si Plutón
revela dónde el poder ha sido distorsionado en las relaciones, y Venus expone
dónde el deseo y el apego ya no pueden seguir siendo inconscientes, Vesta
formula la pregunta más difícil de todas
¿Dónde te
abandonaste primero?
Vesta no permite
la proyección. No acepta chivos expiatorios. Señala hacia adentro, no para
culpabilizar, sino para restaurar la integridad.
Esta
configuración sugiere que las transformaciones relacionales en curso no son
aleatorias ni impuestas únicamente desde fuera. Son reflejos de votos
hechos—consciente o inconscientemente—y quizá olvidados hace tiempo. Culpar por
completo al otro no solo es inexacto; es una renuncia a la adultez.
Nada de lo que
nos sucede es enteramente culpa de otra persona cuando somos adultos.
La participación puede ser inconsciente, pero sigue siendo participación.
Si las lecciones
ofrecidas por una relación son desestimadas, ridiculizadas o negadas mientras
el vínculo se disuelve o muta, la pérdida es doble: no solo se menosprecia al
otro, sino también al yo que entró en ese pacto.
Vesta es la
guardiana del fuego interno, el lugar de la psique donde la identidad no se
actúa, no se defiende ni se negocia. Es donde sabemos quiénes somos sin testigos.
Su presencia
aquí sugiere que el paso a través del crisol Venus–Plutón no se realiza
mediante dominación, evasión o superioridad moral, sino mediante devoción a la verdad, especialmente a la verdad que nos
implica.
Las relaciones
que terminan o se reconfiguran bajo este cielo no son fracasos. Son
iniciaciones.
Lo que importa
ahora no es quién tiene razón, sino: Qué se aprendió, qué se descuidó y qué
debe ser honrado antes de seguir adelante.
Sin ese
reconocimiento, el patrón se repite. Con él, algo verdaderamente nuevo se
vuelve posible.
Esta Luna Nueva,
tomada en su totalidad, deja algo absolutamente claro:
La voz sin
responsabilidad se convierte en ruido.
La verdad sin autoobservación se convierte en violencia.
Pero cuando
Urano–Sedna devuelve la palabra a lo silenciado,
cuando Eris–Kirón exige reconocimiento para lo herido,
y cuando Venus–Plutón desnuda las relaciones hasta su núcleo—
Vesta garantiza que la transformación no derive en culpa, sino en
devenir.
El nuevo mundo
no comienza señalando hacia afuera.
Comienza en el hogar interior, apoyado por Júpiter aún en Cáncer por casi medio
año más.
Vesta es el fuego que decidimos mantener vivo y es
el único fuego que realmente nos impulsa a Ser.
Feliz primera
Luna Nueva del año!
Hemos hecho un
podcast exclusivo sobre el 2026 para todos los signos que publicamos el 24 de
Diciembre; no dejes de escucharnos en todas las plataformas, particularmente
aquí: https://www.youtube.com/@astrologiamusicatomate
Y ya sabes, para
lecturas privadas conmigo, para los tránsitos, la revolución solar del 2026, o
para sesiones de terapia, aquí: https://www.astrologiaarquetipica.com/lecturas-privadas/
Para una reseña
del 2026 para todos los signos, aquí: https://astrologiaarquetipica.wordpress.com/2025/12/04/2026-para-cada-signo-el-ano-en-que-el-tiempo-cambia-de-piel/



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