La llamada mitocondria de Eva no es un mito religioso, sino un descubrimiento científico con profundas resonancias simbólicas. Se refiere al ADN mitocondrial, un tipo de información genética que se hereda exclusivamente por vía materna. Todas las personas lo reciben de su madre; sin embargo, solo las mujeres pueden transmitirlo a la siguiente generación. Los hombres lo
portan, pero no lo pueden heredar a su descendencia.Este hallazgo permitió rastrear el linaje femenino
de la humanidad y descubrir que todas las mujeres del mundo comparten una misma
ancestro común, conocida como Eva mitocondrial. No fue la única mujer de su
tiempo, sino aquella cuya línea materna nunca se interrumpió. Un hilo
invisible, continuo, que atraviesa el tiempo.
En mi Grimorio de Lilith desarrollo la hipótesis,
desde una lectura astrológica y arquetipal, que el ADN Mitocondrial de Eva
puede asociarse a Lilith, la primera mujer del mito, portadora del principio
vital autónomo y anterior a las narraciones patriarcales. Lilith representa el
linaje femenino originario, la memoria salvaje y soberana que no fue borrada,
sino desplazada al inconsciente colectivo y al cuerpo.
La palabra mitocondria contiene la raíz
mito, que significa narración, relato que transmite información
esencial. Los mitos son narraciones sagradas que explican el origen divino
de la realidad. Desde este simbolismo, la mitocondria puede entenderse como un
mito vivo, una historia sagrada inscrita en la célula y transmitida de mujer a
mujer, guardiana del origen femenino de la vida.
La epigenética ha demostrado que no solo heredamos
rasgos biológicos, sino también dones, talentos, miedos y traumas. Estudios han
observado que generaciones posteriores pueden manifestar huellas de traumas
colectivos —como los del Holocausto— sin haberlos vivido directamente. El
cuerpo recuerda lo que la mente no vivió.
Esto sugiere que portamos en nuestra biología las
historias emocionales y simbólicas de las mujeres de la humanidad. Muchos de
nuestros patrones, actitudes, bloqueos o temores pueden ser ancestrales y estar
vinculados a esa información heredada que habita en la mitocondria de Eva.
Desde la astrología, la epigenética y la conciencia
simbólica, sanar el linaje implica despertar esa memoria. La escritura y la
oralidad —medios sagrados de transmisión de los mitos— permiten nombrar,
resignificar y reescribir la narrativa interna. Al dar palabra al linaje, la
memoria mitocondrial se activa y la historia puede transformarse.
Lilith, entonces, no solo vive en el mito: vive en
la célula, en la sangre y en la memoria estelar del linaje femenino.

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