por cristinalaird
El 17 de febrero de 2026 llegamos a un momento que no puede leerse como una Luna Nueva más. Esta lunación es un Eclipse Solar en Acuario, que ocurre con el Sol y la Luna unidos en el mismo signo que Plutón, Marte, Vesta y Chariclo —una activación acuariana concentrada y poco frecuente. Tiene lugar a tan solo 11 grados de los Nodos Lunares, lo suficiente para considerarse eclipsada y, por tanto, inaugurando un proceso que se desplegará durante muchos meses y no solo durante días.
Los eclipses no piden permiso. Reconfiguran la
dirección.
Y este lo hace bajo condiciones excepcionales.
Acuario ya no es un ideal abstracto en esta carta.
Es un territorio ocupado. Plutón ya ha ingresado en el signo, arrancando las
ilusiones de neutralidad y exponiendo la mecánica cruda del poder en los
sistemas, las tecnologías, los colectivos y las ideologías. Marte aporta
urgencia, activación y conflicto; Vesta concentra el foco y el compromiso;
Chariclo habla de contención, umbrales y de la silenciosa capacidad de sostener
presiones insoportables. Este no es el Acuario de la teoría: es el Acuario de las consecuencias.
Al mismo tiempo, Neptuno ha entrado finalmente
en Aries, donde permanecerá hasta 2039, poniendo fin a
su larga saturación pisciana e inaugurando una era de fuego tras el agua. La
presencia de Neptuno aquí cambia radicalmente el tono de este eclipse: los
ideales ya no se disuelven, se encienden. La visión exige acción. La compasión
implica riesgo. La creencia pide encarnación.
Esta Luna Nueva–Eclipse en Acuario forma una
cuadratura (90º) casi exacta con Urano, intensificando la inestabilidad, la
ruptura y los cambios súbitos de trayectoria. Los cuadrados a Urano rara vez
describen transiciones suaves; describen fracturas en la continuidad,
momentos en los que aquello que se asumía estable demuestra no serlo. En un
contexto de signos fijos, esto habla de sistemas bajo presión que ya no pueden
sostener sus propias contradicciones internas.
Y sin embargo, no se trata de caos sin
inteligencia.
En Piscis, Mercurio forma un trígono fluido con
Júpiter, sugiriendo que el sentido, la interpretación y la narrativa no están
completamente perdidos. Algo intenta ser comprendido, articulado, nombrado.
Venus en conjunción con Palas en Piscis, ambas alineadas con el Nodo Norte,
señalan una ética emergente: valores y estrategias que buscan orientarse hacia
un futuro aún no del todo visible, pero claramente llamando. No es el Piscis
sentimental; es un Piscis lúcido, capaz de ver patrones y de mirar hacia adelante.
La conjunción de Marte con Chariclo añade
otra capa esencial: la acción se encuentra ahora con la necesidad de límites.
No todo puede decirse. No todo puede hacerse de inmediato. Algunos procesos
requieren contención para no volverse destructivos. Chariclo nos recuerda
que sostener también es un acto.
Lo que hace a este eclipse especialmente
significativo es que se desarrolla dentro de la aproximación a una
configuración cercana a un Gran Sextil: Neptuno en Fuego formando sextil con
Urano en Aire, y Urano en trígono con Plutón en Aire —un patrón que no se daba
desde la década de 1920, otra época de reorganización sistémica radical,
aceleración tecnológica y conflicto ideológico. No es repetición, es rima en
una octava más alta.
Por último, este eclipse no se presenta aislado.
Inicia un corredor que culmina en el Eclipse Lunar Total del 3 de
marzo de 2026, en el eje Virgo–Piscis, a tan solo 4 grados de los Nodos, mucho más exacto y
culminante. Lo que aquí comienza como ignición, allí exigirá ajuste,
discernimiento y encarnación en la realidad vivida.
Este no es el comienzo de una historia.
Es el punto en el que una historia, en marcha desde hace tiempo, se vuelve
inevitable.
El trígono Urano–Plutón es
una de las configuraciones más raras y significativas en astrología mundana. No
habla de crisis explosiva inmediata (eso suele venir con las cuadraturas u
oposiciones), sino de transformaciones profundas que
avanzan con sensación de inevitabilidad. Es el aspecto de los
cambios que ya no pueden no suceder, aunque aún
no sepamos del todo hacia dónde conducen.
Urano acelera, despierta, innova.
Plutón desmantela, revela, regenera desde la raíz.
Cuando están en trígono, el cambio estructural
encuentra canales funcionales para
materializarse.
1. El precedente más citado: de 1920–1925
El último gran período comparable se dio
cuando Urano en Piscis formó trígono con Plutón en Cáncer (aprox. 1920–1925), después de la
Primera Guerra Mundial, donde murieron más de 20 millones de personas,
particularmente jóvenes y si consideramos la Gripe Española entonces casi 40
millones. Tuvimos:
Revolución tecnológica acelerada:
electrificación, radio, cine, aviación.
Reconfiguración profunda de la vida privada y
doméstica (Plutón en Cáncer): nueva concepción de la
familia, del rol de la mujer, de la intimidad.
Emergencia de nuevas formas de poder de masas:
propaganda moderna, medios de comunicación, ideologías colectivas.
Transformación del tiempo y del espacio:
la vida se acelera, las distancias se acortan, debido a la nueva tecnología, la
percepción del mundo cambia.
No fue un período “armónico” en lo humano, aunque
astrológicamente fuera fluido. Fue un tiempo de preparación
estructural: lo que parecía progreso imparable contenía ya las
semillas de la catástrofe posterior.
¿Qué lo diferencia del ciclo actual?
Hoy, el trígono es entre: Plutón en Acuario – Urano en Géminis (cuando se perfeccione
plenamente)
Ambos en signos de aire.
Esto cambia radicalmente el terreno:
En los años 20: La transformación fue material,
estructural, territorial. Se reordenó la vida concreta: trabajo, hogar,
industria
Ahora: La transformación es sistémica, informacional y cognitiva. Se reestructura:
el conocimiento, la comunicación, la educación, la identidad colectiva, la
noción de verdad, la relación humano–máquina
No se trata solo de nuevas tecnologías, sino de
nuevas formas de organización mental y social.
El papel del trígono: por qué no “se siente” como
crisis
Este es un punto clave y a menudo mal entendido.
Los trígonos facilitan, normalizan, hacen que lo radical parezca lógico. Por
eso muchos cambios bajo Urano–Plutón en trígono se viven como: “no había otra
opción” “era inevitable” “simplemente ocurrió»
El trígono Urano–Plutón no anuncia la destrucción
del mundo, sino su rediseño silencioso.
No es la caída, es la nueva arquitectura sobre la que se construirá aquello que
todavía no sabemos si podremos habitar sin rompernos.
Lo que este Eclipse Solar en Acuario, atravesado
por Plutón, Marte y la activación del trígono Urano–Plutón, nos está mostrando
no es un acontecimiento puntual, sino la arquitectura del tiempo que viene. No
estamos asistiendo al colapso repentino de los sistemas, sino a algo más
inquietante: su reconfiguración silenciosa.
Los grandes cambios de la historia no siempre
llegan con estruendo. A menudo llegan como soluciones inevitables, como avances
técnicos, como “lo lógico”, como lo único posible. Así operaron los años veinte
del siglo pasado, bajo otro trígono Urano–Plutón, preparando sin saberlo el
terreno para décadas de consecuencias. Lo que entonces se rediseñó a nivel
material, ahora se rediseña en el plano de las ideas, de la información, de la
organización colectiva y de la conciencia misma.
Este eclipse no pregunta si queremos cambiar. Da
por hecho que el cambio ya está en marcha. La verdadera cuestión es desde dónde
participamos en él. Con Neptuno recién instalado en Aries, ya no basta con
comprender, empatizar o denunciar. La época exige posicionamiento, acción encarnada, decisiones que
implican riesgo. Los ideales que no se viven, se deforman. Las visiones que no
asumen consecuencias, se vuelven violencia simbólica o fanatismo.
El trígono Urano–Plutón no es benigno ni maligno.
Es eficaz. Hace que lo radical funcione, que lo imposible se vuelva operativo,
que lo impensable se normalice. Por eso la pregunta ética se vuelve
ineludible: ¿qué mundo estamos ayudando a hacer viable?
Este Eclipse abre una puerta que no se cerrará
rápidamente. Lo que se active ahora se desplegará en los próximos años,
pidiéndonos algo más que análisis o esperanza. Pide madurez, responsabilidad y
conciencia de que no todo lo que puede hacerse debe hacerse.
La astrología no predice el futuro. Pero señala
los umbrales del tiempo donde el futuro empieza a
tomar forma.
Y este es uno de esos umbrales.
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