por cristinalaird
Esta Luna Llena en Escorpio es una confrontación forzada entre lo que es
estable y lo que se debe transformar. Nos da un atisbo, un vistazo de lo que
debe cambiar en nuestra vida, si queremos transformar, lo que comienza a decaer
y nos pide cambio.
Algo se vislumbra en un momento cuando nos estábamos quedando
estancados en una rutina diaria que ya no nos conmueve. Por lo menos de la forma en que la estamos viviendo. No estamos ante una luna llena de liberación suave, sino ante un punto de presión donde la vida ya no puede sostener su forma actual. Algo se revela, algo se rompe, algo se reconfigura. Y en medio de todo ello, el pensamiento cambia y el futuro comienza a insinuarse en formas que aún no terminamos de comprender.No estamos ante una Luna Llena que simplemente ilumina para soltar. No
es un momento de claridad suave ni de comprensión apacible. Estamos ante un
punto de presión. Un momento en el que la vida deja de poder sostener la forma
que venía habitando.
El eje Tauro–Escorpio siempre nos habla de la tensión entre lo que se
sostiene, lo que no quiere cambio y lo que debe transformarse. Tauro quiere
conservar, estabilizar, dar continuidad, perpetuar lo conocido. Escorpio, en
cambio, penetra, desvela, descompone y nos empuja al cambio. Para afirmar aún
más este arquetipo el Sol y la Luna no están solos porque en el corazón mismo
de esta lunación, en el punto medio entre el Sol y la Luna, se encuentra
Plutón, nada más y nada menos que el regente, el dispositor de esta Luna en
Escorpio.Y Plutón no negocia. Plutón no permite que nada permanezca intacto
cuando ya ha dejado de ser verdadero.
Así, lo que podría haber sido una simple confrontación entre estabilidad
y transformación, se convierte en algo más profundo: una presión interna que no
puede ser ignorada. No se trata de elegir entre mantener o soltar. Se trata de
reconocer que hay algo que ya no puede sostenerse tal como está. Y mientras
esto ocurre en el eje más corporal y emocional del zodíaco, el cielo abre otra
dimensión completamente distinta.
Uranus ha entrado en Géminis. Por primera vez en 84 años. Desde mayo de
1942. Y con él, algo en la mente colectiva comienza a cambiar. Géminis rige el
pensamiento, el lenguaje, la manera en que conectamos y entendemos la realidad
y Uranus allí no estabiliza. Electrifica, interrumpe. Introduce lo inesperado
en el campo mental. Pero no llega solo. Se encuentra junto a Sedna. Y esto lo
cambia todo, ya que Sedna habla de aquello que quedó congelado en las
profundidades, habla de memorias tan antiguas, tan primarias, que no han sido
plenamente integradas en la conciencia. Lo que fue expulsado, lo que no pudo
ser procesado, lo que quedó fuera del lenguaje.
Y ahora, en contacto con Uranus: lo que estaba congelado comienza a
moverse. Lo que estaba fuera de la conciencia, comienza a emerger. No de forma
gradual, sino abrupta. Esto no es solo innovación, es revelación. Y en ese
mismo espacio mental, Venus transita por Géminis. Las relaciones, los valores,
lo que nos atrae, ya no se sostienen desde la estabilidad.
Se vuelven móviles. Curiosos. Inquietos. Estas son todas cualidades
geminianas que Urano viene a despertar y provocar. Lo que antes parecía claro
en el vínculo, ahora se abre a nuevas posibilidades. Pero también a nuevas
inestabilidades. Porque cuando el campo mental cambia, también cambian los
criterios desde los que elegimos.
Y como si esto no fuera suficiente, Mercurio, el propio regente de
Géminis, se encuentra en Aries, en conjunción exacta con Kirón y Eris. Aquí, la
palabra no suaviza. Todo lo contrario: revela, puede herir, romper. Kirón abre
la herida y Eris introduce la discordia necesaria para que la herida no siga
siendo ignorada.
Y Mercurio pone lenguaje a todo ello. No es una comunicación cómoda. Es
una comunicación que expone y que incomoda pero sabemos que debemos hablar.
Mientras tanto, en otro plano, Plutón en Acuario, acompañado por Juno,
tensiona directamente esta lunación. Los acuerdos, los pactos, las estructuras
relacionales, están siendo transformadas desde su raíz. Lo que creíamos estable
en nuestras relaciones, lo que sostenía nuestras alianzas, entra en un proceso
de revisión profunda. No superficial sino estructural y nada de esto es
negativo o «malo», por el contrario, es liberador y necesario.
Y en el plano energético más inmediato, Marte en Aries, recién liberado
de su conjunción con Saturno, avanza hacia una cuadratura con Júpiter en
Cáncer. La energía contenida se libera, al mismo tiempo que la acción se
intensifica. Pero lo hace en tensión con la emoción, y esto puede traducirse en
impulsividad, en reacciones amplificadas, en movimientos que nacen desde lo
emocional más que desde la claridad. Debemos encontrar un balance entre la
contención y la acción.
Y todo esto ocurre bajo un telón de fondo aún más amplio: el inicio del
trígono entre Urano en Géminis y Plutón en Acuario.
Un aspecto que no vivíamos, en estos términos, desde principios del
siglo XX. En los 1920’s Urano en Piscis, y Plutón en Cáncer, (aún no
descubierto) formaban este aspecto. Pero esta vez es distinto, porque ahora
somos conscientes de ambos arquetipos.
Y este trígono, activo hasta 2031, habla de una transformación profunda
de la realidad a través de la tecnología, de la inteligencia artificial, de las
redes, del pensamiento. No es un cambio superficial. Es una reconfiguración
total del modo en que la vida se organiza.
Y esta Luna Llena es la primera en la que todo esto comienza a
entrelazarse. Por eso, lo que podamos percibir ahora en el mundo: conflicto,
intensidad, inestabilidad, revelaciones, no es un error del proceso. Es su
expresión
No estamos ante una ruptura sin sentido. Estamos ante un momento en el
que múltiples niveles de la realidad comienzan a reorganizarse al mismo tiempo.
En lo personal, en lo relacional, en lo mental, en lo colectivo. Todos estamos
viviendo esta transición.
Y quizá lo más importante no sea intentar comprenderlo todo, ni siquiera
controlarlo (no podemos) ni apresurar su resolución, sino simplemente reconocer
que algo está cambiando de forma. Y que ese cambio no siempre se siente como
claridad. A veces se siente como presión, como incomodidad, sólo siendo
consciente de la imposibilidad de seguir sosteniendo lo que ya no es verdadero.
Y esta Luna nos recuerda que el cambio no siempre llega como elección, a
veces llega como inevitabilidad.
Y ahí, en ese punto, no se nos pide controlar el movimiento. Se nos pide
algo más difícil: habitarlo.

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