No sé cuándo cambió, pero ya no reconozco este mundo como el mío. Pensé que habíamos aprendido la lección que nos dejó las llamadas guerras mundiales. Los Maestros también creyeron que la lección nos traería un mejor mundo, pero miro y veo que estamos repitiendo la historia, pero con consecuencias aún más graves. Y estas consecuencias no sólo son materiales, sino que atravesando la barrera dimensional destruyen nuestra humanidad. Es el espíritu humano el que se ve amenazado, es la consciencia de lo que significa ser humano.
A veces me parece que estamos echando por la borda el Plan Divino. Pero no, al final el Plan se establecerá en esta Tierra. Lo que determinamos como humanidad es la cantidad de dolor y sufrimiento que nos costará reconoce
r la verdad de que somos Una Humanidad. Que estamos ligados por la Naturaleza misma, que la unidad no es un ideal a lograr sino una verdad a descubrir. Que más que hermanos, somos una misma esencia.El mensaje
que da fundamento a toda la filosofía de vida que nos legó el Maestro Jesús fue
la hermandad del genero humano. Hijos de un mismo Padre que está en los Cielos
y que al mismo tiempo son Uno con ese Padre. Mira estos fragmentos de San Juan
capítulo XVIII
"Yo no
estoy en el mundo, pero ellos están en el mundo y yo voy a ti, Padre Santo, a
los que me has dado vígilalos en tu nombre para que sean uno, así como lo somos
nosotros. ..... La gloria que Tú me has dado yo les he dado para que sean uno,
así como nosotros somos Uno.
La tendencia
a la síntesis existe en toda naturaleza, en toda conciencia y en la vida misma.
Es el instinto de la vida. Y es lo que toca expresar en la conducta humana.
Destruir esa tendencia alimentando la separación es destruir lo humano. Porque
lo que tenemos de humano es nuestra alma. Y esa consciencia tiene en su
naturaleza la unidad de la vida que en la conducta humana se llama
fraternidad.
Cuando
desterramos un segmento de la humanidad de nuestra conciencia porque estamos en
guerra o cometiendo un genocidio o robando los recursos naturales a otros
pueblos, estamos condenados a perder nuestra verdadera esencia y como
consecuencia convertirnos en subhumanos o humanos sin alma. Como forma de vida
sustituimos la conciencia de unidad por el insaciable deseo de poseer cosas. Es
lo más trágico que podemos hacer pues ante la muerte, tenemos que dejar todo lo
que poseemos.
¿Como
explicar que, en un mundo con tantos adelantos tecnológicos una tercera parte
de su población sufra el hambre y la miseria? Cuando la injusticia social se
entrona en la civilización y condena a millones de seres a vivir en condición
de supervivencia y no en condiciones en donde puede florecer el espíritu humano
podemos decir que esa civilización está en un proceso que bien podemos llamar
de auto exterminio. Y no es que el planeta no provee para todos, no. Producimos
comida para toda la población, pero está mal distribuida. Un tercio se
desperdicia. Esta disparidad surge cuando los que tienen no se preocupan de los
que no tienen. Es el juego de los negocios. La economía no está basada en el
bienestar de los seres y la distribución de bienes sino en la acumulación de
riquezas. En lo poquito, no pasa nada o no se ve, pero en lo grande nos ha dado
este mundo con tanta desigualdad, lleno de dolor y miseria en donde el 1% de
los adultos del mundo posee el 44.5% de toda la riqueza personal, mientras que
más del 52% tiene solo el 1.2%. Pero hay más y es que dentro de ese 1% también
hay una profunda desigualdad porque el 1% del 1% detenta la mayor cantidad de
riqueza.
Estos datos
nos muestran que, como civilización, como cultura, hemos fracasado. Esta forma
de vida que hemos adoptado lejos de darnos un mundo feliz no ha dado este
mundo, que vuelvo y digo, no lo reconozco como mi mundo. Mi mundo está lleno de
valores, de respeto a la vida, de honrar los acuerdos, de no dañar ni herir. Mi
mundo está lleno de bondad, de compasión. Y ese mundo existe, es el mundo de la
mayoría porque el corazón humano es básicamente bueno. Y es ese mundo el que
tenemos que exteriorizar.
Son tiempos
difíciles, sin duda, pero son tiempos de oportunidad. Los vientos a favor de la
evolución están avivados porque los vientos de la involución también se
avivaron. El cambio se aceleró en ambas direcciones. Nos toca expresar en
nuestro diario vivir lo que de humano tiene nuestro corazón.
La vida nos
pide equilibrio. Somos el puente entre el espíritu y la materia, su punto de
unión. Nos toca permanecer en ese punto y desplegar todo el amor atesorado en
nuestro corazón. Amar y perdonar. Ser bueno. Expresar en nuestras acciones la
buena voluntad. Sin odio ni repudio, aunque tengas mil razones para ello. ¿Te
das cuenta que si odias al malvado te has corrido a su lado? Cuando las
tinieblas se combaten se agrandan, solo la luz las disipa.
Busca
permanecer siempre en equilibrio, responde y no reacciones; y sonríe, porque a
pesar de este mundo de al revés, dentro de ti está el verdadero, el que
prevalecerá.
Y allí donde
somos uno te puedo abrazar,
Carmen
Santiago
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