por Tom Kenyon
www.tomkenyon.com
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Puede
que las hayas experimentado tú mismo – esas raras “coincidencias que de algún
modo parecen ser más que mera coincidencia. Te dejan una extraña sensación,
como si, tal vez, hubieras caído dentro de un episodio de Twilight Zone.
Llevo
más de tres décadas observando y estudiando las sincronicidades. Me han
intrigado y me han desafiado. Como otros muchos, he experimentado unas cuantas.
Pero como psicoterapeuta, he encontrado muchas más, tal vez cientos, en mi
consultorio y en los talleres.
Las sincronicidades son
resultado de una conexión honda, profunda, entre la consciencia y nuestro mundo
de la materia. Pero esta conexión desafía a nuestro sentido normal de lo
lógico.
Entre
mis veinte y treinta años, me perturbaba la naturaleza paradójica de las sincronicidades.
Pero ya no creo que la lógica sea el dios inapelable que antes me parecía.
Algunas cosas no son ni blancas ni negras, y nuestras ideas de cómo funciona el
universo sólo son ideas.
Hace
poco conocí en Suiza a un físico que me dio su visión de la ciencia y la
percepción humana. Me encantó su analogía, de modo que la transmito. Dijo que
somos como niños que observan a papá y mamá jugando a los naipes. Mientras
juegan a la canasta, por observación calculamos algunas de las reglas. Sin
embargo de repente cambian el juego, y empiezan un