Cuanto más rígidos nos pongamos en nuestra
manera de pensar, más confuso se volverá nuestro cuerpo emocional. Para
remediar esto, muchas personas tratan de poner orden en el yo físico y el medio
ambiente mediante ciertas formas de "disciplina". No estamos hablando
solo de un entrenamiento medido para alguna meta o posición tangible. Esto es
otra cosa.
Cuando se desatienden las emociones, ellas se
intensifican o se profundizan, incluso se somatizan. Cuando una persona rígida
HIERVE POR DENTRO, puede sentir una mayor necesidad de mantenerse
"controlada," mediante el trabajo compulsivo, el ejercicio, la dieta
estricta, el ritual religioso o la denegación de comodidades.
La rigidez en la vida es su propia forma de
INFIERNO, especialmente cuando se la practica a instancias de "voces"
internalizadas que