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El
próximo domingo 1 de febrero, con el Sol en Acuario y la Luna en Leo, se
configura un escenario astrológico relevante, marcado por la concentración de
cinco planetas en Acuario. Esta energía plantea desafíos que requieren una
gestión consciente y estratégica.
En Astrología Esotérica, Volumen I (pp. 49–50), Alicia García describe a Acuario como el undécimo signo del zodíaco y el último de la Cruz Fija, asociado simbólicamente a la preparación para una nueva era. Exotéricamente está regido por Saturno y Urano, mientras que esotéricamente
su regente es Júpiter. En su expresión no evolucionada, Acuario puede manifestarse rígido, frío o excesivamente mental; sin embargo, en su proceso evolutivo, establece contacto con el alma y se abre a la influencia de Júpiter, portador del Rayo de Amor-Sabiduría.Esta
energía invita a integrar mente y corazón, recordándonos que el uso exclusivo
de la mente resulta insuficiente. Solo cuando se incluye el corazón, la razón
se vuelve clara y amorosa. El símbolo de Acuario —el portador del cántaro—
representa esta doble corriente: el agua que se vierte es Agua de Vida,
mientras el amor-sabiduría fluye hacia el mundo, cumpliendo el pensamiento
semilla: “Agua de vida soy, vertida para los sedientos”.
En
su expresión más elevada, Acuario se orienta al servicio, al bien común y a la
conciencia grupal, transformando el individualismo en cooperación. Su polaridad
con Leo refleja la tensión entre el yo personal y la colectividad. La Era de
Acuario, asociada a la precesión de los equinoccios, trae consigo ideales de
fraternidad, universalidad y servicio, con el propósito final de que el alma
ocupe el lugar central en la experiencia humana.
Veamos
ahora qué nos depara este plenilunio.
La
tensión creadora entre el corazón y la conciencia
El
plenilunio Leo–Acuario ilumina con fuerza el eje entre la expresión individual
y la responsabilidad colectiva, un tema central que el gráfico pone claramente
de manifiesto. La Luna en Leo, reclama visibilidad emocional, autenticidad y la
necesidad de ser reconocido desde el corazón. Frente a ella, el Sol en Acuario,
acompañado por cuatro planetas, concentra la atención en el grupo, las ideas
compartidas y los procesos de cambio que trascienden lo personal.
La
acumulación de energía acuariana sugiere un momento de intensa actividad mental
y social. No se trata solo de pensar diferente, sino de revisar de qué manera
nuestras ideas, decisiones y actitudes impactan en el entramado colectivo. El
énfasis en Acuario puede generar cierta frialdad o distancia emocional, pero la
Luna en Leo viene a recordar que sin el calor del corazón, la visión pierde
sentido.
Las
figuras lineales reflejan la motivación de búsqueda de retos y el deseo de
afirmarse como individuo frente a la necesidad de adaptarse a nuevas dinámicas
grupales. Este plenilunio no busca elegir un polo y descartar el otro, sino
encontrar un punto de integración. La creatividad leonina necesita un propósito
más amplio, mientras que el ideal acuariano requiere encarnarse a través de
personas reales, con emociones y necesidades concretas.
En
este contexto, el plenilunio actúa como un espejo que nos invita a preguntarnos
dónde estamos buscando validación y desde dónde estamos contribuyendo. Es una
lunación que impulsa a transformar el ego en liderazgo consciente y la rebeldía
en servicio, favoreciendo una expresión auténtica que, lejos de aislar,
fortalezca el tejido colectivo.
La
luz plena de esta Luna señala un momento de culminación y toma de conciencia:
el yo solo alcanza su verdadero brillo cuando se reconoce como parte viva de un
todo mayor.
Fíjate
en qué ejes de casas se encuentran Leo y Acuario en tu carta; y ahí es donde
tendrá este plenilunio mayor influencia.
Leo–Acuario
y el eje de las relaciones: del yo creador al nosotros consciente
En
astrología, el eje 5/11 describe una tensión esencial entre dos impulsos
complementarios: la necesidad de expresarnos como individuos únicos y el
llamado a participar activamente en la construcción colectiva. Este eje se
articula a través de los signos opuestos Leo y Acuario, que representan dos
formas distintas —pero inseparables— de entender la identidad y la pertenencia.
Leo
encarna la fuerza creativa, el deseo de afirmación personal y la voluntad de
brillar con luz propia. Acuario, en cambio, orienta esa energía hacia el
pensamiento innovador, la conciencia grupal y el compromiso con ideales que
trascienden al individuo. El diálogo entre ambos signos nos confronta con una
pregunta clave: ¿cómo honrar nuestra singularidad sin desconectarnos del
propósito común?
Vivir el eje 5/11 en lo cotidiano
Explorar
la dinámica entre Leo y Acuario nos ayuda a revisar el modo en que combinamos
creatividad y cooperación. Se trata de reconocer el valor de nuestros talentos
personales y, al mismo tiempo, descubrir cómo ponerlos al servicio de algo más
amplio. La originalidad no pierde fuerza cuando se comparte; por el contrario,
puede convertirse en motor de cambio y evolución social.
La
astrología ofrece un mapa simbólico para comprender estos procesos internos. Al
trabajar conscientemente con el eje 5/11, aprendemos a integrar el deseo de
reconocimiento con una visión solidaria del mundo, creando un equilibrio entre
autenticidad personal y responsabilidad colectiva.
Entre
la autoafirmación y la conciencia social
La
casa 5, asociada a Leo, refleja el impulso de afirmarse como individuo. Aquí
surge la necesidad de diferenciarse, de crear desde la propia voluntad y de
liberarse de condicionamientos previos, marcando un camino personal.
En contraste, la casa 11, vinculada a Acuario, amplía la mirada hacia lo social. Desde esta perspectiva, la persona se reconoce como parte de una red humana más amplia, donde la cooperación, los ideales compartidos y el sentido de comunidad cobran protagonismo, tal como señala el Astroglosario de Bruno Huber.
Eje de relaciones
Extracto del Astroglosario
de Bruno Huber (traducción: Joan Solé, 2000-2007)
Formado por las casas fijas 5
y 11. Este segundo eje fijo del sistema de casas (el primero está formado por
las casas 2 y 8) «regula» las relaciones humanas, la vida en común de las
personas.
Aquí, entran inevitablemente
en juego conceptos como la ética y la moral. En la casa 5, en la forma de
actuar en su entorno personal, el individuo se comporta la mayoría de las veces
según su propio código moral. En el otro lado, la élite cultural, intelectual o
espiritual está en la casa 11 para la formulación, propagación y/o vigilancia
de una ética válida para toda la sociedad.
Las cuatro casas fijas, esto
es, los dos ejes fijos, representan formas originarias de comportamiento del
ser humano individual en una sociedad. Son instrucciones de comportamiento
arquetípicas, resultantes de la experiencia de la larga historia de la vida
humana en común. En esta cruz, los conceptos fundamentales son «ser» y «tener».
En el eje de relaciones (5-11)
lo esencial es «seralguien-en-el-mundo». El concepto «ser» se comprende como
referencia social: se es valioso en relación con otros o cuando se es amado. En
este eje, las fórmulas de relación son el amor y la amistad.
La casa 5, de manera análoga
al signo de Leo, está caracterizada por el intenso afán de automanifestación.
Aquí el individuo quiere salir de la dependencia de la familia o el colectivo
(casa 4) y quiere hacerlo todo a su manera: quiere autodeterminarse.
Este afán puede alcanzar una
gran intensidad y ocasionalmente puede mostrar rasgos monómanos (obsesión por
uno mismo) que naturalmente producen las correspondientes reacciones en el
entorno personal. La persona está dispuesta a imponer sus propias ideas y su
forma de comportamiento, basadas fundamentalmente en estructuras de impulsos e
instintos personales y, a menudo, intenta instaurarlas sobre sus semejantes
como reglas de comportamiento de carácter obligatorio.
En la casa 5, la actitud
correcta es la de la experimentación en conciencia. La persona busca la
autoexperimentación.
Y las reacciones y respuestas
del Tú se aceptan e integran como un reconocimiento de los propios límites. No
es fácil pero, consciente o inconscientemente, a partir de la experiencia, la
persona se construye una escala personal de amor y amistad, un código moral que
hace posible la integración social.
Si falta esta disponibilidad a
experimentar y continuar el desarrollo, la conciencia se vuelve, con el tiempo,
apática (catatónica), es decir, la persona pierde la sensitividad y, como
consecuencia, sólo puede ver el entorno a través de sus propias gafas, esto es,
de manera parcial y reducida, y, en casos de enfermedad, puede casi perder la
percepción síndrome de Nerón).
En cambio, el «claro» concepto
de ser de la casa 11 es exactamente lo contrario. En ella se parte del evidente
convencimiento previo de que la persona, ante todo (y, a menudo,
exclusivamente), es un ser humano.
En consecuencia, en esta casa,
con gran facilidad puede ignorarse o rechazarse el punto de vista de la opuesta
casa 5 (que el individuo es una personalidad que también puede imponerse sola),
argumentando que es un punto de vista «primitivo» (o peor, enemigo de la
sociedad).
En efecto, la casa 11 se
encuentra en las «aéreas» alturas del sistema de casas (de forma análoga al
signo de Acuario) y en lo referente a la propia valoración también se encuentra
a una elevada distancia mental de la zona motivada por los instintos de las
casas de abajo.
En la casa 11, el esfuerzo se
centra en obtener una perspectiva espiritual «a vista de pájaro» que permita
considerar y comprender los problemas de la vida en común de las personas desde
un punto de vista global.Para conseguirlo es necesario desarrollar la capacidad
de diferenciación y refinar la conciencia.
Aquí, el individuo busca
personas con pensamiento afín que acaban convirtiéndose en amigos.
La persona pertenece a una
élite espiritual
o intelectual que, «libre de la presión de la impulsividad» puede ver las cosas
desde una posición más distanciada. Y de esta manera, en un intercambio de
ideas, pueden encontrarse y formularse reglas culturales y éticas válidas y
obligatorias.
No obstante, la personalidad
no está, a menudo, suficientemente equipada para este tipo de esfuerzos
mentales, no tiene el adecuado nivel de creatividad y, por eso, debe limitarse
a un ciego aprendizaje de memoria (dogma) y a las imitaciones formales (rituales)
de las reglas culturales y las normas éticas. De esta manera, puede convertirse
en representante y guardián de las mismas, sin haber interiorizado
verdaderamente su contenido.
Con frecuencia, este tipo de
desarrollo se produce debido a las exigencias y la presión de las instancias
educadoras (padres, escuelas, iglesias) como sucede, por ejemplo, en el caso de
la educación de «mundo sano».
De este modo puede producirse
un debilitamiento o incluso un bloqueo del Yo, de forma que, finalmente, el
niño sólo puede encontrar su propio valor en la identificación con los valores
culturales y éticos que han sido implantados en él por la educación y en el
estricto cumplimiento de las normas. Este es el punto de partida para el
pensamiento elitista que, en casos extremos, puede desarrollar tendencias
fanáticas e inquisitorias.
De esta manera se pierde el
sentido y el verdadero significado de la casa 11, puesto que la conciencia
llega a desarrollar una estructura rígida y parcial que no le permite percibir
la realidad del ser humano. Entonces, semejante conciencia sólo puede mantenerse
y conservarse en alguna minoría de personas con las mismas ideas (instituciones
culturales, uniones políticas secretas, círculos secretos esotéricos u ocultos,
escenas alternativas, congregaciones, cleros, monasterios, sectas, etc.)
El eje de relaciones es
también un plano en el que se coleccionan y acumulan los valores de las
experiencias de la vida humana en común, que finalmente precipitan en normas de
comportamiento. Pueden convertirse tanto en características personales (casa 5)
como ser formuladas en forma de leyes de validez general escritas o no
escritas(casa 11).
Queda patente (la historia de
las civilizaciones lo ilustra claramente) que ambas dimensiones pueden estar
fuertemente enfrentadas.
Quién se identifique con la
casa 11 debería dirigirse hacia la temática de la casa opuesta para
experimentar la importancia que la autoexperimentación tiene para la maduración
de una personalidad responsable de sí misma.
Y para que el «aventurero» de
la casa 5 pueda aceptar unas normas de comportamiento válidas para todos, sus
experimentos personales y su amor espontáneo deben encontrar un lugar sin tener
que convertirse forzosamente en un «corsario» o en un «malhechor». Esto sólo lo
puede conseguir una forma de pensar abierta que tenga en cuenta las dos
dimensiones de la experiencia y el reconocimiento del eje de relaciones.

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