La vida moderna nos mantiene ocupados o distraídos. Hay una sensación de prisa que nos hace correr entre una actividad y otra, comiendo a cualquier hora, durmiendo cuando se pueda o distraídos frente a una pantalla. No percibimos el milagro de la vida misma, la naturaleza, los amaneceres, las estrellas… Mientras que día a día, en su eterno ritmo, la vida va desplegándose grandiosa, esplendorosa, expansiva, en orden perfecto y divino. Y en medio de toda esa inteligencia desplegada, de ese gran milagro que es la vida misma, el ser humano no lo percibe.
Tampoco
vemos nuestros mayores males que son invisibles y no se condenan ni se
castigan. El Maestro D.K. los señala. Los
pensamientos erróneos, los falsos valores, el supremo mal del egoísmo
materialista y el sentimiento del aislamiento separatista. Son las cuatro patas
del mal que han producido la civilización que ahora muestra su más brutal
decadencia. De esas cuatro surgen todos los males que ahora sí podemos ver.
La manipulación mental que siembra pensamientos
erróneos en las mentes humanas es una estrategia de las fuerzas involutivas.
Antes se colonizaban tierras y ahora se colonizan mentes. Los valores humanos
han quedado como meros símbolos o palabras huecas sin significado. El egoísmo
materialista nos ha llevado a la peor repartición de bienes en donde menos de
un 1% acapara la riqueza mundial y la separación se convirtió en esa horrorosa
polarización que ha penetrado todas las capas de la sociedad.
Nuestra vida moderna se quedó sin orden, sin
ritual, sin ritmo. Hemos desterrado lo divino. Producimos mucho ruido y lo
llevamos al mundo interno del pensamiento y del sentimiento. Pero si logramos
estar serenos y a la vez atentos, si sacamos tiempo y meditamos,
podemos entrar en sintonía con el mundo interno y escuchar la voz del corazón
capaz de conducirnos por los laberintos de la vida moderna, inspirados y
guiados por el alma.
Hay un diseño, una nueva civilización que debe ser
descendida e introducida en todos los territorios de la vida humana. Es un
cambio profundo, un Plan Divino. Si estamos atentos al tiempo que vivimos y
queremos cooperar meditemos para desarrollar la sensibilidad que nos conecte
con la divinidad que somos en lo más profundo de nuestro ser.
Estos tiempos nos exigen un cambio profundo en
nuestra forma de vivir y de pensar. Nos demanda una transformación de tal
manera que el mundo de las realidades internas sea para nosotros un campo de
experiencia y expresión. Que esa paz que queremos para el mundo comience dentro
de nosotros mismos. Meditemos.
Es
necesario percibir las realidades internas y tener una idea de los grandes
sucesos que están ocurriendo en nuestro planeta para actuar conforme a los
tiempos y cooperar con el Plan Divino que se desenvuelve en el inicio de este
nuevo tiempo. Meditemos.
Hoy, más
que nunca, la meditación es una estrategia de supervivencia. Hay que ver más
allá de lo evidente, estar conscientes del cambio que se tiene que producir en
nuestra sociedad, de tal manera que ni con un pensamiento, sentimiento o acción
sostengamos el viejo sistema que tiene que desaparecer y que se ha convertido
en el baluarte de eso que llamamos “el mal planetario”. Sistema que ha convertido al ser humano en
un consumidor inconsciente de cosas innecesarias, pensamientos enlatados, ideas
cristalizadas que atentan contra el beneficio general de la raza humana y de
este bello y azul planeta Tierra.
Que tu conciencia permanezca despierta para que
seas un factor de cambio y progreso según el Plan de Dios. Que su diseño tenga
cabida en tu corazón y tu vida sea una expresión del mismo. Medita.
Siempre desde el alma,
Carmen
Santiago

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