El nuevo tiempo, la Era de Acuario tiene una dirección indiscutible hacia la fraternidad, la igualdad, la libertad, la justicia, la correcta distribución de los bienes. Cuando vemos estas cualidades fuera de nosotros nos parecen inspiradores y los aclamamos. Pero cuando se topan con las creencias, las ideas llenas de egoísmo, impulsadas por una civilización materialista surge el conflicto interno.
Hay dos caminos. O me engaño pensando
que todo está bien, que las ideas de fraternidad, igualdad y libertad son
hermosas y las comparto, pero sigo con mis egoísmos, mis intereses materiales o
realmente me pongo a trabajar para transformar mi mundo.
Cuando creo firmemente en unos
principios y no actúo conforme, la vida se llena de
incoherencias. Esto sucede también en la vida política de nuestras
naciones. Se habla de libertad, de justicia, y hasta de fraternidad, pero en la
práctica se actúa en oposición a estos ideales. Y así como individualmente nos
engañamos, colectivamente nos engañan. Existen técnicas para mantener
narrativas que están diseñadas para engañar a los pueblos y hacerles creer que
matar está bien, que robar, dependiendo a quien se le robe, está bien, que
mentir y engañar está bien siempre que rinda buenos dividendos.
El Maestro Tibetano D.K. señala muy
claramente lo que podríamos llamar las cuatro patas de mal cósmico que amenazan
el Plan Divino para nuestro planeta. Da mucho pesar ver que ellas describen muy
claramente nuestro mundo moderno, el llamado mundo occidental. Les comparto la
cita y vean por ustedes mismos como estos cuatro males están gobernando el
mundo: “La verdadera naturaleza del mal cósmico halla su expresión
en el pensamiento erróneo, los falsos valores, el supremo mal
del egoísmo materialista y el sentimiento de aislamiento separatista. Estos
constituyen el contrapeso que mantiene abierta la puerta del mal y que
precipitó en el mundo los horrores de la guerra con sus correspondientes
calamidades.” (Los Rayos y las Iniciaciones, Alice Bailey Pag, 617)
El Maestro se refiere a los horrores de
las llamadas guerras mundiales, sin embargo, a pesar de los intentos por
rescatar los verdaderos valores humanos y unirnos como naciones, estos males no
solo se han mantenido, sino que se han recrudecido. El ejemplo que hoy nos
hiere a todos es el genocidio cometido en Gaza. La respuesta que la mayoría de
las naciones poderosas dieron fue solo de palabras, pero en los hechos nada
cambió. Después que la ONU advirtió del genocidio en Gaza, 51 países
enviaron bienes catalogados como material militar, municiones o componentes
armamentísticos a Israel. Para sostener la mentira y esconder lo
maligno la IA informa que Israel ha destinado un presupuesto gubernamental
histórico de aproximadamente 725 millones de dólares para financiar campañas
de Hasbará (diplomacia pública y propaganda) a nivel
internacional.
Las narrativas hechas a la medida de
algunos gobiernos son la herramienta para silenciar la percepción que la
humanidad pueda tener de los verdaderos valores y los derechos
humanos. Estamos ante una crisis mundial. La guerra pasó al plano
mental. Las ideas divinas impactan con más fuerza que nunca y se invierten
grandes sumas de dinero para acallar la conciencia de las masas.
Es importante tomar conciencia del
tiempo que vivimos y buscar siempre la dirección correcta, esa que nos lleva a
ser lo que somos, el alma. Estemos atentos, muy atentos para evitar que estas
narrativas contaminen nuestra conciencia. De una inteligencia basada en la
memoria, pasemos a una inteligencia basada en el contacto directo con la
Sabiduría que está en el núcleo mismo del alma. Somos el alma, somos creadores.
Actuemos de acuerdo con nuestra verdadera naturaleza y seamos muy cuidadosos
con las ideas que contienen el germen del egoísmo, el materialismo, los falsos
valores y la separatividad. ¡No las apoyemos! Cultivemos la conciencia de la
unidad de la vida.

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