por cristinalaird
Lo prometido es deuda y aquí va el artículo de la entrada de los Nodos Lunares a Acuario-Leo después de 18 meses en Piscis-Virgo. La entrada oficial es el 27/28 de Julio. Lo hacen después que Júpiter y Plutón se han opuesto por primera vez en estos signos, desde hace casi 250 años, y cuando Plutón ya se encuentra en Acuario, también por primera vez en 250 años.
Pero antes quiero entrar de
lleno en el mito de Prometeo, que creo que habla volúmenes del significado de
estos movimientos del Cielo, en este momento histórico.
Prometeo: el cuadro
arquetípico completo
La lectura habitual del mito
se detiene demasiado pronto. Todo el mundo conoce el robo del fuego por este
Titán y el águila (símbolo de Zeus), que le come el hígado cada día. Lo que
suele pasarse por alto es la estructura profunda que sostiene toda la historia.
Primero, el nombre: Prometeo significa el que piensa antes, la previsión (muy Acuariano). Su hermano, Epimeteo, significa el que comprende después, la reflexión tardía. Esta pareja no es un simple cuento
mitológico. Constituye la tensión psicológica central del mito: el precio de la
conciencia consiste precisamente en ver aquello que los demás todavía no pueden
ver, y esa visión termina aislándote por completo. Prometeo no sufre a pesar de
su capacidad de ver; sufre precisamente por ella. Sabe cuál será el precio del
fuego antes de robarlo. Y aun así decide hacerlo.
Entonces…..¿Qué representa
realmente el fuego?
No es la tecnología en el
sentido moderno, aunque en cierta forma, en este momento, sí. Para los griegos,
el fuego simbolizaba la téchne: el arte, la
destreza, la capacidad de transformar la materia bruta mediante la intención.
Es el principio mismo de la cultura, la facultad específicamente humana de
intervenir en la naturaleza en lugar de limitarse a habitarla. El impulso
creativo.
Por tanto es importante aquí,
comprender, que lo que Prometeo entrega a la humanidad ciertamente, no es
comodidad. Le entrega la capacidad de crear. Y con ella… la capacidad de
destruir.
El don que recibimos de
Prometeo es ambiguo desde el principio. No es casual que Hefesto, marido por
orden divina de Afrodita/Venus, la diosa de la Belleza y la Creatividad, quien
es un herrero extraordinario, sea cojo y feo. Creación y herida aparecen inseparablemente
unidas. Medita sobre esto, la Diosa de la Belleza es casada con un enano cojo y
feo, pero increíblemente creativo. Hasta su propia madre, Hera/Juno, la esposa
y hermana de Zeus, lo hecha del Olimpo, por que se avergonzaba de él, por su fealdad.
La relación de Prometeo con
Zeus es mucho más compleja de lo que parece..
Zeus, que es quien ordena que
se lo ate al monte Cáucasos, donde un águila le comía el hígado cada día, no
castiga a Prometeo únicamente por orgullo o por celos o simple ira. En las
versiones más antiguas del mito, Prometeo posee un conocimiento que Zeus
necesita desesperadamente: la profecía según la cual sería destronado por un
hijo más poderoso que él, que terminó siendo una hija, Pallas Athena.
Durante todo su cautiverio,
Prometeo se niega a revelar ese secreto. Tiene poder sobre el propio Rey de los
Dioses y decide no utilizarlo para obtener su libertad. Para mí, este detalle
cambia por completo la psicología del mito. Prometeo no es simplemente un
rebelde. Es alguien que posee poder sobre el poder y que elige el sufrimiento
antes que la renuncia a sus principios, a su integridad personal.
En cierto sentido… las cadenas
también son una elección. Y los que tenemos a Urano exaltado en la carta astral
o Acuario, entendemos este concepto perfectamente. Las cadenas autoimpuestas.
La interpretación de Esquilo:
la que realmente importa
En Prometeo encadenado, Esquilo (quien escribió: «La sabiduría viene a través del sufrimiento») no
presenta al Titán como una simple víctima heroica, sino como alguien cuya mayor
debilidad es una forma de orgullo espiritual: la absoluta certeza de que su
visión es correcta, de que su juicio es superior al de todos los demás y de que
su sufrimiento lo ennoblece. La realidad es que Prometeo es, al mismo tiempo,
magnífico e insoportable. Hermes (Mercurio) le ofrece la posibilidad de ser
liberado a cambio de revelar la profecía, y Prometeo se niega. Las Oceánides
también le suplican que ceda. Él tampoco las escucha. Hay en él una rigidez
(característica de los signos fijos), una incapacidad para doblarse, que
termina siendo una prisión tan poderosa como las propias cadenas.
Esquilo comprendió algo
extraordinario: el libertador y el tirano pueden habitar la misma persona, no
nos olvidemos que Trump nació con la conjunción Sol-Urano. Hitler con la
oposición.
Pero quizás, una de las
preguntas más importantes para mi es ¿Por qué el águila devora precisamente el
hígado?
No es un detalle arbitrario.
Para los griegos, el hígado era la sede de las pasiones, aquello que hoy
llamaríamos el cuerpo emocional, el lugar donde reside el deseo,
particularmente la ira. No la mente, no el corazón. El hígado.
El castigo de Prometeo no
consiste únicamente en un dolor físico interminable sino que consiste en que su
propio anhelo es devorado cada día y vuelve a regenerarse cada noche. Arde con
algo, podemos llamarle deseo de justicia, deseo de reconocimiento o la certeza
de un futuro que todavía nadie más puede ver y ese fuego interior es consumido
una y otra vez. Quien no se reconoce en esto? Esta historia es un mito sobre el
precio de preocuparse demasiado por aquello que uno vislumbra antes que los
demás.
El papel de Kirón: la pieza
que casi siempre se olvida
La historia termina bien, pero
Prometeo no recupera la libertad mediante la fuerza. Es liberado gracias a un
muy famoso intercambio. Kirón, el sanador herido, inmortal y condenado a un
sufrimiento permanente por una herida imposible de curar (un trauma), ofrece
renunciar a su propia inmortalidad para ocupar el lugar de Prometeo. El
libertador sólo puede ser liberado gracias al sacrificio voluntario del
sanador. Y es aquí donde se esconde una intuición extraordinaria acerca de la
relación entre la visión y la sanación. El precio de la visión.
La herida que nunca puede
cerrarse se convierte precisamente en el rescate del fuego que nunca podrá
extinguirse.
Y si pensamos en la
reciente conjunción entre Kirón y Eris en Aries, este hilo adquiere una actualidad sorprendente. Y
entonces…..
¿Qué tiene que ver todo esto
con el ingreso de los Nodos Lunares en el eje Acuario–Leo?
Acuario es profundamente
prometeico, ya que Prometeo es el portador del conocimiento, es quien derrama
el agua desde lo alto hacia la comunidad, es quien acepta el aislamiento en
beneficio del grupo.
Los Nodos Lunares regresan al
eje Leo–Acuario aproximadamente cada dieciocho años y medio. Entonces, ¿por qué
este ciclo parece tan distinto? No sólo lo parece, sino que lo es.
Y lo es porque, por primera
vez desde finales del siglo XVIII, el Nodo Norte entra en Acuario
mientras Plutón ya transita ese mismo signo, por tanto no se trata
simplemente de un cambio nodal, se trata de la convergencia entre el eje
evolutivo de la humanidad y el planeta que transforma radicalmente las
estructuras colectivas.
Y esta coincidencia adquiere
una dimensión aún más llamativa cuando observamos quiénes ocupan hoy buena
parte de las posiciones de mayor poder en el mundo. Muchos de ellos pertenecen
a la generación nacida con Plutón en Leo.
La generación de Plutón en Leo
La generación nacida con Plutón en Leo (aproximadamente entre 1939 y 1957)
ocupa todavía muchas de las posiciones de mayor poder político, económico y
geoestratégico del planeta. Donald Trump (1946), Benjamin Netanyahu (1949),
Vladimir Putin (1952) o Xi Jinping (1953), entre otros, pertenecen a esta
generación.
No se trata de afirmar que
Plutón en Leo produzca inevitablemente este tipo de dirigentes. Toda generación
expresa tanto el potencial creativo como las sombras del arquetipo bajo el cual
nace. Sin embargo, resulta difícil no advertir que muchos de estos líderes
parecen encarnar una determinada concepción del poder profundamente leonina:
una autoridad que emana de la personalidad, del liderazgo carismático y de la
figura del «hombre fuerte», más que de los sistemas o de las instituciones. En
su expresión menos integrada, ésta es precisamente una de las sombras de Plutón
en Leo: una voluntad de poder cuyo principal referente termina siendo el propio
yo y que vive toda limitación o rendición de cuentas como una amenaza
existencial.
Noviembre de 2027: un posible
punto de inflexión
Este proceso alcanzará uno de
sus momentos más significativos en noviembre de 2027, cuando el eje nodal se
alinee con Plutón en Acuario, algo que no ocurre desde Julio 1785. Desde la
perspectiva de la astrología mundana, una conjunción entre los Nodos Lunares y
Plutón constituye una de las configuraciones más infrecuentes y
estructuralmente relevantes que pueden producirse, ya que no se trata
simplemente de un «Plutón activado». Es el eje evolutivo de la conciencia
colectiva encontrándose con el planeta de la muerte, la transformación y la
regeneración, precisamente en el signo asociado a los sistemas, las redes, la
inteligencia colectiva y las nuevas formas de organización social.
Históricamente, las
conjunciones entre Plutón y el Nodo Norte han acompañado momentos de cambio
civilizatorio profundo, períodos en los que la dirección de la evolución
colectiva parece orientarse hacia un nuevo paradigma difícilmente reversible y
por supuesto que desde esta perspectiva, la coincidencia resulta especialmente
sugerente.
Muchos de los líderes nacidos
con Plutón en Leo parecen representar simbólicamente aquello que el Nodo Sur en
Leo nos invita a revisar y, eventualmente, a dejar atrás. No necesariamente
porque vayan a desaparecer físicamente, aunque el paso del tiempo inevitablemente
desempeña un papel, sino porque el modelo de liderazgo que representan podría
estar aproximándose a sus propios límites históricos. Por lo menos, eso es lo
que yo espero.
El líder singular cuya
autoridad depende casi exclusivamente de la fuerza de su personalidad
constituye una imagen profundamente leonina y el Nodo Norte en Acuario, por el
contrario, parece orientar la evolución hacia formas de organización menos
personalistas, más distribuidas y más colaborativas; hacia modelos donde el
poder no se concentra en un único rostro sino que circula a través de redes,
comunidades e instituciones capaces de sostener la complejidad creciente del
mundo contemporáneo.
Quizás esa transición sea una
de las grandes tareas que Plutón en Acuario desarrollará durante los próximos
quince años: descomponer lentamente las estructuras del viejo paradigma para
hacer posible el nacimiento de otro nuevo.
Pero sería un error concluir
que Acuario representa automáticamente una evolución o una necesidad superior a
Leo. Los arquetipos nunca funcionan de manera tan simple. Si la sombra de Leo
puede manifestarse como el líder que termina devorando al reino que debía
proteger, la sombra de Acuario puede resultar igualmente inquietante, como he
dicho anteriormente.
Puede expresarse como la
tiranía del colectivo; como el algoritmo que decide sin rostro ni
responsabilidad; como el sistema al que ya nadie puede apelar precisamente
porque no existe una persona detrás de él; como el Estado de vigilancia que
legitima su poder en nombre de la eficiencia; o como una ideología que diluye
al individuo bajo la promesa del bien común. Y por supuesto el peligro
inminente es el liderazgo de los grandes conglomerados como Apple, Google,
Meta, etc que se hagan con el poder absoluto, donde «casi» ya están.
Si la sombra de Leo es el
exceso del individuo…la sombra de Acuario puede ser el exceso del sistema. Por
eso el Nodo Norte en Acuario no constituye una garantía, sino yo lo vería más
como una invitación que nos orienta hacia una inteligencia verdaderamente
colectiva, una sabiduría distribuida y formas de liderazgo menos heroicas y
egoicas y más participativas.
Pero la posibilidad de que esa
promesa degenere en uniformidad siempre estará presente y desde luego que en
última instancia, el ingreso de los Nodos en el eje Acuario–Leo no promete la
liberación de los viejos modelos de poder, pero abre un portal hacia algo
nuevo.
Simplemente abre una ventana.
Y lo que finalmente atraviese esa ventana dependerá, como siempre, del nivel de
conciencia con el que la humanidad sea capaz de responder a este momento
histórico.
Los signos fijos pasan a estar
invitados al cambio y la reflexión sobre su papel en la comunidad. Por encima
de todo, la revisión sobre nuestro propio camino. Donde caiga esta angularidad
Acuario-Leo en tu carta natal será donde deberás meditar sobre tu propio viaje
espiritual y evolutivo.
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