Imagen por IA
— Ven, bañémonos juntas. El agua del pozo está tan tibia y agradable…
La Verdad, cautelosa, se acercó. Metió la punta de
los dedos y comprobó que el agua era suave, templada, invitadora.
Tranquilizada, se desvistió y ambas bajaron al pozo.
De pronto, la Mentira saltó fuera del agua, tomó la
ropa de la Verdad… y huyó.
La Verdad, furiosa, salió tras ella para recuperar
lo que le pertenecía.
Pero el mundo, al verla desnuda, apartó la mirada.
Con enojo.
Con desprecio.
La Verdad desnuda incomoda.
Duele a los ojos.
Rompe la ilusión.
Herida y humillada, la Verdad regresó al fondo del
pozo,
donde desapareció para siempre,
escondiendo su vergüenza en el silencio de las
profundidades.
Desde aquel día, la Mentira recorre el mundo
vestida con las ropas de la Verdad.
Y los hombres la reciben con los brazos abiertos…
Porque es más fácil aceptar una ilusión bien
vestida
que enfrentarse a la Verdad en su desnudez.
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Fuente: Arte, poesía y escritos

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