por cristinalaird
Esta temporada
de eclipses no es una ruptura brusca en el cielo. Es una pausa prolongada.
Saquemos primero del camino la realidad astronómica: este eclipse no será visualmente extremo. El diámetro aparente de la Luna será cercano al promedio, ya que ocurre 6,7 días después del perigeo, su punto más cercano a la Tierra (24 de febrero de 2026) y 6,9 días antes del apogeo, su punto más lejano (10 de marzo de 2026). Es decir, no estamos ante un eclipse de “superluna”, ni ante uno dramáticamente disminuido. Está equilibrado en distancia: ni demasiado cerca, ni demasiado lejos.
Simbólicamente,
este detalle es interesante. No es un eclipse de exageración. Es un eclipse de
proporción. Algo aquí habla de equilibrio… o de la necesidad de recuperarlo.
Y hay otra capa
más. Este eclipse lunar forma parte de lo que casi es un ciclo de tétrada,
siguiendo a los eclipses totales del 14 de marzo de 2025 y del 8 de septiembre
de 2025, y precediendo al eclipse parcial del 28 de agosto de 2026. Se inserta
dentro de una secuencia, no como un evento aislado, sino como un capítulo
dentro de un proceso más amplio. ¿Recuerdas qué estaba ocurriendo en tu vida
alrededor de esas fechas?
Cuando los
eclipses llegan en serie, no simplemente interrumpen: desarrollan un tema. Se
construyen unos sobre otros. Refinan una narrativa que ya está en movimiento.
Sea cual sea la situación que te ha tenido ocupada o ocupado en los últimos
meses, la necesidad de resolución sigue despierta. Sabes que evitar el asunto
no está en el menú ahora.
Los Nodos
Verdaderos permanecen alrededor de los 8° de Virgo–Piscis, oscilando,
demorándose, casi negándose a avanzar. Como si el eje evolutivo mismo estuviera
conteniendo la respiración. Sabemos que los eclipses ocurren cuando el Sol y la
Luna se alinean con los Nodos. Pero esta vez sucede algo más sutil. El grado no
se cruza rápidamente; se enfatiza, se revisita, se rodea, como si algo nos
señalara un nudo en un campo de energía y debiéramos encontrar la manera de
desatarlo para poder avanzar sin remordimientos.
Como si los
dioses quisieran ponernos a prueba, Mercurio (regente de Virgo) se estaciona
retrógrado en Piscis el 26 de Febrero, solo para regresar, paso a paso, a ese
mismo grado 8°, que inició la fase de pre-sombra de esta retrogradación el 12
de Febrero. Puedo decirles que justo ese día se me rompió el teclado y tuve que
comprar uno nuevo. Solo lo menciono… ;-D (no estoy siendo determinista).
De algún modo,
se siente como si el cielo estuviera repitiéndose. Pero en astrología, la
repetición no es castigo. Se siente más bien como una invitación. Cuando el
tiempo se espesa alrededor de un grado, cuando múltiples tránsitos se congregan
en el mismo punto, no estamos siendo empujados: estamos siendo orientados. Se
nos está pidiendo reconsiderar.
Virgo–Piscis es
el eje del discernimiento y la entrega, de la claridad y la confusión, de la
precisión y la fe. Del cuerpo y del campo oceánico. También del trabajo y la
salud. De nuestro campo psico-intestinal.
Esta temporada
de eclipses trata menos de acontecimientos y más de percepción; pero también y
muy especialmente si tienes planetas en signos mutables, de salud y empleo. Es
una revisión de cómo interpretamos esa realidad.
¿Qué narrativas
hemos absorbido inconscientemente?
¿Dónde hemos confundido la niebla con espiritualidad?
¿Dónde hemos confundido control con inteligencia?
¿Dónde necesitamos refinar antes de continuar?
Y, sobre todo, ¿cómo la obsesión por el control rigidiza tu cuerpo?
Si tienes
planetas alrededor de los 8° de los signos mutables (Géminis, Virgo, Sagitario,
Piscis), este “merodeo” puede sentirse personal. Pero no como destino. Más bien
como una lección revisitada.
El cielo no está
forzando la graduación. Está rodeando el aprendizaje.
La
retrogradación de Mercurio por Piscis disuelve la rigidez mental. Nos pide
repensar nuestras creencias, nuestras historias, nuestras certezas. Y cuando
regresa al grado 8°, toca el eje nodal como una mano en el hombro:
“Mira otra vez.”
No es caos. Es recalibración.
No es un giro
dramático de la rueda, sino un refinamiento de la lente a través de la cual
miramos.
Palas Atenea
camina junto al Sol: es momento de encontrar estrategias más inteligentes para
ordenar nuestros dilemas. Y Nessus y Mercurio caminan de la mano; si necesitas
decir algo, encuentra la manera de expresar amor en lugar de frustración.
Mientras tanto,
Neptuno y Saturno, ambos ya bien establecidos en Aries a largo plazo, nos
acompañan en este negocio arriesgado, en esta nueva aventura de vida que
implica sentarnos cara a cara con nuestra imaginación y con la poesía del alma,
para descubrir cómo crear algo valioso, algo de lo que podamos sentirnos
orgullosos, algo que nos ayude a crecer hacia la persona que realmente queremos
ser.
Antes del
próximo movimiento hacia adelante, algo en nuestra interpretación debe
suavizarse. Virgo nos pide discernir y Piscis nos enseña a confiar. Esta
combinación susurra con fuerza en nuestros oídos: sé fiel a ti misma, a ti
mismo, y no te distraigas con falsos héroes ni con ilusiones que no te ayudarán
a crecer.

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