Centro Holística Hayden

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6 de septiembre de 2026

No sabía si hablar de Krishna


Arturo de Universo Hindú  

Hola amigos 

Estaba planeando la transmisión que suelo hacer para celebrar estas fechas y llegó un punto en el que pensé: “probablemente este año no la haga”. No sé por qué, sin embargo, justo en ese momento llegó algo muy sutil a mi mente:

No me importa tu plan. No me importa la historia que cuentes. Lo importante es que te presentes. Que aparezcas. Que estés ahí.

Le decía ayer a la gente linda de Aurora que era como si Krishna estuviese diciendo: yo sostengo tus átomos, yo hago que se mantengan juntos, yo soy ese prana que te permite respirar, ver y hablar. Yo siempre aparezco por ti, aunque no te des cuenta y no quiero el crédito. Lo único que espero de ti es que tú también aparezcas.

Y aunque en mi caso esto surgió pensando en una transmisión de YouTube, inmediatamente entendí que tenía muy poco que ver con YouTube.

Presentarnos es algo que nos toca hacer todos los días. Especialmente cuando estamos desanimados, cuando hemos meditado menos, cuando sentimos que nuestra práctica no está donde debería o simplemente cuando creemos que no tenemos mucho que ofrecer.

Y ahí me llegó la historia de Sudama que he contado en YouTube...

Imaginen la escena: Sudama solo tenía una pequeña porción de arroz para el Señor del universo.

Y Sudama va. Con pena. Con vergüenza. Pensando: “¿Cómo voy a presentarme así ante Krishna?”. Pero va.

Por un momento imaginé el cumpleaños de Krishna. Imaginé llegando a los siete grandes rishis, seres cuya sabiduría apenas podemos dimensionar. Imaginé a Paramahansa Yogananda, Narada, Markandeya, el mismísimo Shiva, Devi, y a tantos grandes santos y devotos llegando con esa enorme riqueza de sabiduría, compasión, disciplina y devoción.

Y después me vi a mí.

¿Yo qué voy a llevar?

Frente a ellos, no soy nadie. No tengo esa sabiduría, esa realización ni esa devoción. Y entonces me pregunté: ¿cuáles son mis dos granitos de arroz? ¿Qué tengo yo para ofrecer realmente?

Lo primero que apareció fue: devoción y buenas intenciones.

En todo lo demás me quedo corto. Incluso mi devoción es imperfecta y mis buenas intenciones muchas veces no terminan como quisiera. Pero tengo esas dos cosas. Y también tengo mi vergüenza.

Porque ¿cómo voy a llegar con eso al cumpleaños de Krishna? Solo puedo decirle: tú me conoces. Tú sabes quién soy. Conoces mis 24 horas mejor que yo. Cada partícula de pensamiento que ni siquiera yo alcanzo a ver, tú la conoces. De ti no me puedo ocultar. Esto es lo que tengo.

Y creo que ahí está una de las partes más profundas de la historia de Sudama.

¿Por qué una ofrenda tan insignificante? Porque tarde o temprano vamos a pensar que lo que tenemos para ofrecer no es nada. Vamos a compararnos y decir: “¿Qué tengo yo para darle a Krishna si este otro hace esto, si aquella persona tiene esa disciplina, si aquel otro tiene esa devoción?”.

Pero Krishna no le pidió a Sudama que llegara con un banquete. Recibió aquello que Sudama podía ofrecerle.

La divinidad no está esperando que le des lo que no tienes. Está esperando que le des lo que ya tienes ahora. No tienes que adquirir nada para presentarte. No tienes que ir a comprar devoción ni sabiduría en un libro antes de acercarte.

¿Qué es lo que tienes en este momento? Porque eso, para este momento, es suficiente.

Esos son tus dos granitos.

Y si estos meses has tenido retos, has cometido torpezas, has meditado menos o incluso te da cierta vergüenza volver a presentarte ante la divinidad, recuerda cómo llegó Sudama: con poco, con vergüenza y con aquello que tenía.

Pero llegó.

Tal vez esa sea mi invitación: solo preséntate.

Con lo que tengas.

Lleva tus dos granitos de arroz. 

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