“En el mar agitado, un acantilado. Oro esparcido sobre huesos. Una vez que la acumulación ha comenzado, cuidado con interrumpirla”.
Según una historia, había un hombre devoto cuyo padre había muerto recientemente. Un adivino le aconsejó que enterrara a su padre en la entrada de una cueva marina. Sin embargo, la entrada de la cueva solo era visible una vez cada cien años, cuando las aguas retrocedían. Se decía que cualquiera que aprovechara este milagro obtendría una gran fortuna. Aunque tenía dudas sobre esta extraña, el hijo, en el momento indicado, arrojó el ataque al agua.



