por cristinalaird
A veces la resaca de una Luna Llena no llega en forma de cansancio, sino de una pregunta que continúa despierta cuando la Luna empieza a menguar. La de este 26 de octubre, a 2°45′ de Tauro frente al Sol en Escorpio, forma una T casi exacta con Plutón en los primeros grados de Acuario. Y Plutón está, además, fuera de límites: su declinación ronda los 23°37′ Sur, más allá del recorrido del Sol. La imagen astrológica es intensa. Algo que creíamos poder mantener bajo control pide ser reconocido, a veces violentamente.
Durante estos
días de esta Luna Llena en conexión al Señor del Gran Abajo, he pensado mucho
en este pequeño planeta que hemos llamado Plutón y en las palabras que
utilizamos para describirlo o su arquetipo, mejor dicho: el deseo, la rabia, la
obsesión, la necesidad de poder, el miedo a perder lo que amamos. La bestia, podríamos llamarla, siempre que no la
confundamos con el mal. Es esa parte de nuestra psique que quiere sobrevivir y
resistirse a la pérdida, aunque nuestro intelecto o la imagen que tenemos de
nosotros mismos insista en que ya estamos por encima de todo eso. A veces una
compulsión es un intento de no sentirnos impotentes, nos da la ilusión de
control. A veces lo que llamamos control es el miedo vestido de soldado.
Tauro nos
devuelve al cuerpo. Necesitamos alimento, descanso, afecto, una casa, cierta
estabilidad desde la cual vivir. Escorpio conoce la otra cara de ese amor por
la vida: precisamente porque algo nos importa, sabemos que podemos perderlo.
Estos últimos tiempos he estado estudiando la vida y por supuesto la carta
natal de Leonardo da Vinci, Nietzsche, Rudolf Steiner y Max Planck. Historias
muy distintas, atravesadas todas por una verdad sencilla y difícil de aceptar: ninguna genialidad nos exime del trabajo de ser humanos.
Una mente puede alcanzar ideas extraordinarias y seguir necesitando cuidados;
puede comprender las leyes del universo y no encontrar palabras para soportar
la muerte de un hijo. Leonardo da Vinci imaginó máquinas para un futuro que no
llegó a ver, pero envejeció como todos. La enfermedad apartó a Nietzsche y a
Rudolf Steiner de su trabajo; Max Planck, capaz de descubrir una nueva ley de
la naturaleza, sufrió la pérdida de su primera esposa y de los cuatro hijos que
tuvo con ella. Ninguno pudo pensar o terminar su camino fuera
de la condición humana, a pesar de su genio.
Mientras tanto,
Venus, regente de esta Luna en Tauro, acaba de pasar por el corazón del Sol
durante su retrogradación. La conjunción inferior ocurrió el 24 de octubre a 0°45′ de Escorpio: Venus se situó entre
la Tierra y el Sol y permanece oculta en su resplandor. Ahora retrocede hacia
Libra, llevando consigo, simbólicamente, lo que ha encontrado en Escorpio sobre
la intimidad, la confianza, el dinero compartido, el deseo y el poder dentro de
las relaciones. Esta ha sido la última conjunción Sol–Venus en Escorpio de la
serie actual; la siguiente se proyecta para noviembre de 2177,
dentro de algo más de 150 años. Venus volverá a retrogradar por Escorpio antes
de entonces, pero su próximo encuentro inferior con el Sol, en 2034, tendrá
lugar en Libra.
Por eso me
interesa tanto su viaje de regreso. Venus no sale del mundo subterráneo con una
respuesta fácil sobre cómo amar. Vuelve a Libra con una pregunta más exigente: ¿cómo construimos un vínculo justo después de haber reconocido el
miedo, la dependencia o la lucha de poder que también pueden habitar en él?
Esa pregunta vale para una pareja, una amistad o una familia; también para la
relación entre los ciudadanos y quienes gobiernan en su nombre.
Este fin de
semana, cientos de miles de personas se manifestaron en Francia por la
educación, el coste de la vida y las condiciones en las que pueden imaginar su
futuro. Hubo protestas en ciudades italianas contra la guerra y el
encarecimiento de la vida, y movilizaciones en Barcelona y Madrid. Muchas
marchas fueron pacíficas; también hubo enfrentamientos y violencia. Conviene
conservar ambas verdades a la vista.
También hemos
visto la otra cara de esta agitación: la rapidez con que una imagen puede
utilizarse para despertar miedo y dirigir la rabia hacia un enemigo
conveniente. Dos cadenas francesas tuvieron que corregir imágenes de protestas
en Albania que habían presentado como si fueran escenas ocurridas en Francia.
Circularon asimismo afirmaciones sobre la responsabilidad de los inmigrantes en
los disturbios que las pruebas disponibles no sostenían. En un clima así, mirar
por debajo de la superficie exige paciencia: escuchar las reivindicaciones
reales, comprobar lo que vemos y reconocer cuándo alguien intenta convertir
nuestra inquietud en instrumento de poder. Hasta he escuchado decir que Putin
está detrás de toda esta inestabilidad en Europa, lo que devalúa la real razón
de maestros, estudiantes y gente joven en general, que sale a decirle :»Basta!»
a sus políticos. El futuro es de estos jóvenes y no tan jóvenes que han salido
a la calle, como también lo hicieron en Brasil.
Ahí siento con
más fuerza la cuadratura a Plutón en Acuario. ¿Qué hacemos con nuestra rabia
cuando descubrimos que una situación ya no es aceptable? Podemos
entregarla a quien nos prometa una explicación absoluta, o podemos preguntarnos
qué necesita cambiar y qué parte de ese cambio estamos dispuestos a sostener
junto a otros. Abrazar la bestia no significa obedecerla. Podemos sentir
indignación sin renunciar al juicio, reconocer el miedo sin permitir que decida
por nosotros y reclamar poder sin reproducir aquello que nos ha hecho daño.
Hace unos días,
una clienta muy joven me dijo que había comprendido algo esencial: quería vivir
de acuerdo con sus valores morales más profundos, en consonancia con su alma, y
dejar que eso irradiara hacia el mundo. «Si todos lo hiciéramos, quizá las cosas
mejorarían», añadió. He seguido pensando en sus palabras. Recuperar nuestro
poder comienza también ahí, en la coherencia entre lo que sabemos y lo que
hacemos: en cómo tratamos a los demás, en aquello ante lo que nos negamos a
callar y en las alianzas que somos capaces de crear.
Plutón nos pone
frente a todo aquello que la imagen que tenemos de nosotros mismos ya no puede
contener. Quizá esta sea
la verdadera resaca de la Luna Llena: después de ver nuestra vulnerabilidad y
nuestra fuerza, después de reconocer lo que ocurre en la calle y dentro de
nosotros, ya no podemos fingir que nada nos concierne. Venus vuelve hacia Libra
para preguntarnos cómo vamos a vivir juntos. Y la Luna en Tauro nos recuerda
desde dónde tendremos que empezar: con los pies en la tierra, presentes en
nuestro cuerpo y en la vida que compartimos, conscientes que no somos
inmortales.
(Una nueva
temporada de mi podcast Astrologia Música y Tomate comienza bajo el nombre: Cartas desde mi Jardín. Pronto en todas las
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