Aripka Maia
Querida,
Seguro
te cruzaste con alguna mujer en redes sociales o televisión que se mueve de una
forma, que te mira a la cámara de una manera, que parece tenerlo todo resuelto.
Y
por un segundo pensaste: "yo tendría que ser un poco más así".
Un
poco más suelta o un poco más sensual o como dirían otras personas que
distorsionan la palabra, más "magnética".
Quiero que hoy soltemos esa idea para siempre, porque te está costando justo lo contrario de lo que buscás.
Sí,
es paradójico. Alejar lo que justo tratas de acercar.
Justo
por eso hablo de distorsión de la palabra magnetismo porque en realidad no es
magnetismo es su imitación.
Yo
lo llamo el magnetismo de plástico.
Es
el que se fabrica hacia afuera.
El
que se ensaya frente al espejo, el que se pone y se saca como un vestido, el
que necesita una cámara delante para existir.
Es
una mujer impostando, esforzándose por el afuera, actuando para producir un
efecto en el otro.
Por
eso la influencer más “magnética” de Instagram muchas veces es la que menos te
deja ver quién es.
Pero
como te decía, paradójicamente, ese magnetismo de plástico, repele.
Porque
el otro, aunque no lo sepa explicar, siente que ahí adentro no hay nadie.
Siente
el esfuerzo. Siente que hay una función montada y que detrás de la función no
hay un centro, un sol que brille.
Y
solo un sol puede atraer.
Ahora
bien, si ese es el falso, ¿cuál es el verdadero?
Al
verdadero yo le llamo magnetismo primigenio. Y es exactamente lo opuesto a lo
que se suele escuchar sobre manifestar la vida que querés.
El
magnetismo primigenio no es algo que una mujer hace para producir un efecto en
los demás.
Es
algo que aparece cuando una mujer deja de estar fragmentada hacia afuera y
vuelve a estar presente en sí misma.
Querida,
leelo de nuevo, despacio, porque ahí está todo.
No
es cuestión de hacer más ni esforzarte más.
Aparece
(atraes) lo que querés cuando dejás de repartirte.
Y
esto tiene todo que ver con Venus.
Porque
Venus, en el fondo, es una antena.
Una
tecnología interna que llevás en tu sagrado femenino y que sirve para
sintonizar con la vida.
Cuando
esa antena está apuntando siempre hacia afuera, sintonizando con lo que
necesita tu pareja, con lo que espera tu familia, con lo que va a decir el
otro, con a quién hay que salvar hoy, tu energía no está en tu vida.
Está
repartida, y además en lo que los demás…
Y
una mujer con la energía repartida puede tener muchísima fuerza y aun así estar
drenada todo el tiempo.
Vigilando
a la pareja, resolviendo lo de los hijos, sosteniendo a todos, disponible para
todos.
Esa
mujer no perdió su magnetismo.
Lo
tiene entero.
Solo
que todavía no está lo bastante presente en ella misma como para poder
habitarlo.
Por
ahora es una vasija que en vez de contener su energía, la deja escapar.
Y
todavía más duro: ¿cuánto tiempo puede una mujer sostener ese vacío por dentro
mientras se sigue vaciando en los demás?
Ese
pozo que se siente como una vida sin sentido y sin que puedas decir exactamente
por qué estás así.
Más
aún cuando hiciste todo lo que esperaban los demás que hicieras.
Por
eso el trabajo real no es aprender poses, ni miradas, ni técnicas de seducción.
Todo
eso es plástico y todo eso, tarde o temprano, repele.
El
trabajo es volver a estar presente en vos.
Recoger
la antena que anda dispersa por la vida de todos los demás y volver a apuntarla
hacia adentro, hacia tu propio centro, hacia tu propio deseo.
Ahí,
y solo ahí, nace el magnetismo que sí atrae. El que no tenés que fabricar
porque simplemente sos.
Y
el cielo, justo ahora, acompaña ese regreso.
Venus
está entrando en su retrogradación. Y lo que hace Venus cuando retrograda es
traer a revisión todo esto: dónde está tu energía, con qué estás sintonizando,
cuánto de vos se te está yendo hacia afuera sin que lo elijas.
Es
el momento del año en que la vasija se da vuelta y te muestra por dónde
perdías.
Una
energía que no vuelve a estar disponible hasta dentro de diecinueve meses.
A
ese trabajo de recoger tu antena y volver a tu magnetismo original lo llamé
VENUS · El Pentáculo de la Diosa.
Un
recorrido para dejar de perseguir un magnetismo de plástico que nunca fue tuyo
y volver al primigenio, que siempre lo fue.
Mientras
Venus, en el cielo, hace ese mismo descenso y ese mismo regreso.
Con
la mirada en el cielo y los pies en la tierra,
Aripka

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