Aripka Maia
Querida,
En
el directo de anoche (abajo te dejo el link) hablé de que podés conocer tu
Venus de memoria: el signo, la casa, los aspectos… y aun así estar deseando
cosas que ni siquiera son tuyas.
Deseos
que en algún momento tus papás, profesores o la sociedad te “obligaron” a
querer.
Suena raro, lo sé.
Pero
esa es una de las razones por las que casi nunca sentís que llega a tu vida lo
que realmente querés: un trabajo que disfrutes, una pareja que te toque el
alma, una vida económica menos dura…
Hoy
quiero, gracias a la energía de Venus, mostrarte qué ocurre.
Verás,
en tu carta natal tenés un punto que se llama Venus.
Y
casi toda la astrología te va a decir lo mismo sobre él: que habla de cómo
amás, de qué te gusta, de cómo atraés, de tu relación con la belleza y con la
pareja.
Todo
eso es verdad pero es quedarse en la superficie de Venus.
Y
hoy quiero mostrarte lo que hay debajo, el tesoro enterrado que tiene Venus
para todas, porque cambia por completo la forma de leer tu carta.
Empecemos
por lo que Venus es de verdad.
Venus
no es solo el planeta del amor.
Eso
es como decir que el ser humano es solo carne y huesos.
Venus
es amor y mucho más.
Si
vamos profundo, Venus en realidad es una antena.
Una
antena interna, una especie de tecnología que llevás en el arquetipo del
sagrado femenino (en hombres y mujeres), y que sirve para una sola cosa:
sintonizar con la vida.
Igual
que una radio se sintoniza con una emisora, tu Venus se sintoniza con aquello
que va a desear y con lo cual se va a vincular.
Y
fijate que no se sintoniza solo con una pareja. Podés sintonizar con una flor,
con una montaña, con el agua de un río, con un animal, con un lugar, con
cualquier aspecto de tu propia vida.
De
esa sintonía nace todo lo demás: el vínculo, el amor, la belleza, el deseo.
¿Lo
ves ahora? Venus es en esencia cómo te conectás con la existencia.
Y
hay un detalle en su símbolo que lo dice todo.
El
símbolo de Venus es un círculo sobre una cruz.
El
círculo es el espíritu. La cruz de abajo es la materia.
Significa
el espíritu de vida que prevalece sobre la materia. La conciencia eterna que
hay en vos sosteniéndose por encima de lo denso, de lo instintivo, de lo que
tira hacia abajo.
Eso
es Venus en su forma más alta. Muy lejos de la belleza, la estética y la
seducción a las que la redujeron.
Ahora
bien, si Venus es tu antena para “sintonizar”, hoy quiero hacerte una pregunta
que a mí me cambió la forma de leer una carta: ¿Cuánto de lo que tu Venus desea
hoy es verdaderamente tuyo?
Espera,
espera, no lo pienses con la cabeza… solo lo primero que te vino, eso que
primero te vino es lo que es.
Ahora
bien, te explico por qué te lo pregunto.
La
ciencia ya demostró algo sobre el miedo.
Que,
más allá de los miedos con los que nacemos, la enorme mayoría se aprende.
Se
aprende mirando a nuestros padres, escuchando a nuestro entorno, absorbiendo la
cultura en la que crecimos.
El
miedo, en gran parte, no nace con vos sino que te lo enseñaron.
Y
con el deseo pasa exactamente lo mismo.
Tu
antena de Venus se fue programando y aprendió a sintonizar con lo que te
dijeron que tenías que querer.
Y
esta es la verdadera energía de Venus que podemos aprovechar todas.
Porque
podés tener a Venus en Escorpio, o en Tauro, o donde sea, conocer tu signo, tu
casa, tus aspectos… y aun así estar deseando cosas que no elegiste.
Porque
encima de tu Venus real se fueron apilando capas que no son tuyas.
El
deseo de tu madre para vos. Lo que en tu casa se consideraba valioso. El tipo
de hombre que "convenía". La vida que se esperaba que quisieras. Lo
que la cultura te dijo que una mujer debía desear para estar completa.
Y
un día ya no distinguís cuál de todos esos deseos es tuyo.
Te
doy un ejemplo mío.
Cuando
yo era joven, mis padres tenían clarísimo lo que debía desear: un hombre con
una buena profesión, un arquitecto, un abogado, alguien "realizado".
Ese
era su Venus proyectado sobre mí, no el mío.
Y
si yo no hubiera tenido a Venus y a Lilith en Aries, que me dieron desde muy
chica una necesidad de independencia enorme, probablemente habría elegido desde
ahí.
Hubiera
cumplido el deseo de ellos.
De
hecho, a los veinticuatro me casé con un músico, un hippie que vivía con lo
puesto.
Todo
lo contrario de lo que ellos esperaban pero era mi deseo real en ese momento, y
lo seguí.
Y
me costó años ver por mí misma que aquel primer deseo que me habían dibujado ni
siquiera era mío.
Pero
querida, mirá, porque lo realmente urgente es darse cuenta de esto…
Cuando
tu Venus desea desde los programas heredados y no desde tu centro, pasa algo
muy concreto.
Tu
magnetismo se apaga.
Porque
el magnetismo no nace de gustar ni de seducir: nace de la coherencia entre lo
que deseás de verdad y cómo vivís.
Cuando
esas dos cosas coinciden, hay presencia y cuando no, hay una mujer entera
persiguiendo cosas que no la llenan, porque nunca fueron suyas.
Y
esa mujer se vacía.
Vive
sosteniendo a todos, resolviendo lo de todos, con la antena apuntando siempre
hacia afuera.
Y
una noche, sin saber por qué, cae en esa sensación de sin sentido.
Ese
pozo que no sabe nombrar.
Y
esto no se resuelve solamente conociendo mejor tu carta.
Conocer
tu Venus no es lo mismo que encarnarla.
Se
resuelve yendo hasta abajo, hasta la Venus real que quedó tapada, y separando
tu deseo del que te prestaron.
Justo
ahora el cielo acompaña ese trabajo.
Venus
está entrando en su retrogradación pronto. Y lo que hace Venus cuando
retrograda es exactamente esto: traer a revisión tu deseo, tus vínculos, tu
forma de recibir, tu valor.
Y
sacar a la superficie lo que tenías tapado para que puedas mirarlo.
Es
el momento del año en que esa pregunta, "¿esto lo quiero yo?",
aparece sola, a la fuerza.
Y
depende cómo la respondas puede crear un futuro que por mucho tiempo soñaste o
seguir atorada en las mismas situaciones.
Puede
que sientas miedo, deseo, duda o todo a la vez y estarías sintiendo lo mismo
que he sentido yo durante mucho tiempo.
Y
desde ahí, desde ese lugar que ya recorrí, es de donde puedo tenderte una mano
y acompañarte hacia donde llevás mucho tiempo queriendo estar.
En
todas esas áreas de la vida que te dije.
A
ese caminar juntas lo llamé VENUS · El Pentáculo de la Diosa.
Un
recorrido para volver a tu deseo real y a tu magnetismo original, mientras
Venus hace en el cielo ese mismo descenso y regreso.
Una
energía que no volverá a estar hasta dentro de diecinueve meses.
Con
la mirada en el cielo y los pies en la tierra,
Aripka

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