por cristinalaird
Octubre comienza con un gran trígono en Aire que conecta al Sol en Libra, la Luna y Urano en Géminis (con Sedna acompañándole) y Plutón en Acuario. Nos sentimos apoyadas en nuestra nueva mirada, y «nuevos aires» parecen soplar a nuestro alrededor. Pero… hacia el 3 de octubre, Mercurio en Escorpio, acompañado por Venus, que comienza su retrogradación a 8°29′ de ese signo, configura una T cuadrada con la oposición de Marte en Leo a Plutón en Acuario. No sería extraño ni se te culparía por percibir esta combinación de energías como explosiva. En el plano personal, podemos encontrarnos diciendo, o
simplemente pensando, cosas que nos inquietan acerca de nuestras relaciones con los demás y de cómo manejamos nuestras frustraciones. Culpar a los demás de todo ya no es suficiente. No resuleve nada. Es momento de Recordar que cada una de nosotras carga con memorias ancestrales cuya presencia muchas veces desconocemos, y que aún menos sabemos cómo gestionar. La ira que sentimos quizá ni siquiera sea enteramente nuestra.Y es aquí donde esta
retrogradación de Venus puede venir en nuestra ayuda. Recorrerá hacia atrás
algo más de quince grados y medio del zodíaco, regresará a Libra el 25 de
octubre y retomará su marcha directa el 14 de noviembre, a 22°52′ de Libra.
Durante unas seis semanas, el planeta que asociamos con el amor, la belleza, el
deseo y los valores, parece retroceder por el cielo. A medida que se acerca al
Sol, desaparece de nuestra vista en el cielo vespertino, antes de regresar como
estrella de la mañana. Comienza así lo que yo llamo su descenso al Gran Abajo,
para explorar los territorios de la oscuridad, como lo hace Perséfone.
Acabo de regresar de Eleusis,
o Elefsina, como la llaman hoy los griegos, y no puedo contemplar esta
desaparición sin pensar, por supuesto, en el mito de Perséfone. Allí, entre los
restos del santuario de Deméter y su hija, el relato del descenso dejó de
sentirse como una historia que ya conocía. Se convirtió en una pregunta que
podía sentir en el cuerpo: ¿qué ocurre cuando debemos abandonar el mundo
familiar, e incluso a las personas que amamos, para entrar en un lugar donde
todavía no podemos ver en quiénes nos estamos convirtiendo? Quien haya vivido
un tránsito de Plutón a su Venus, Luna o Sol natal sabe de lo que hablo.
El rapto de Perséfone por
Hades, con su dimensión de violencia sexual, expresa también, en una lectura
simbólica, la brutalidad con la que a veces la vida nos obliga a descender.
Nadie nos pregunta si estamos preparadas, si queremos ir o si podemos soportarlo:
de pronto, alguien nos abandona, una relación se rompe o muere una persona que
amamos, y el suelo que sostenía nuestra existencia se abre bajo nuestros pies.
Ese descenso puede sentirse psíquicamente como una violación porque irrumpe sin
nuestro consentimiento y nos arrebata la posibilidad de decidir cuándo y cómo
atravesarlo. Somos arrancadas de la vida que conocíamos y arrojadas a una
oscuridad que no hemos elegido, donde nuestras certezas ya no nos sirven.
Perséfone nos permite reconocer ese primer momento de indefensión, de ira y de
duelo, sin exigirnos que encontremos inmediatamente un sentido a lo ocurrido.
Su posterior transformación en reina del inframundo no justifica la violencia
de su rapto, pero ofrece una imagen de lo que puede llegar a crecer en nosotras
cuando, con tiempo y ayuda, comenzamos a habitar el territorio al que fuimos
llevadas por la fuerza y recuperamos allí nuestra propia voz.
Venus comienza este viaje en
Escorpio y vuelve a acercarse a la cuadratura con Plutón, que será exacta el 20
de octubre. Esto intensifica el proceso. Las imágenes del inframundo resultan
difíciles de ignorar. Sin embargo, un descenso no es simplemente un encuentro
con el miedo, la pérdida o aquellas partes de nosotras mismas que aún
desconocemos. También puede ponernos frente a deseos que hemos ocultado,
lealtades que hemos confundido con amor y valores que seguimos proclamando
mucho después de haber dejado de vivir de acuerdo con ellos. Lo que descubramos
dependerá de la vida que hayamos vivido y de las preguntas que ahora reclaman
nuestra atención. Descendemos para encontrarnos con Hades, pero también con la
diosa Perséfone y por sobre todo, beneficiarnos de su sabiduría, porque ella ya
ha realizado ese viaje y lo ha sobrevivido, para mostrarnos la posibilidad del
regreso.
Los antiguos Misterios de
Eleusis se desarrollaban a lo largo de varios días e incluían una procesión
desde Atenas por la Vía Sagrada, de unos veintiuno a veintitrés kilómetros.
Mientras permanecía allí, a finales de septiembre, volvía una y otra vez al
significado de Ver. Los iniciados, los mystai (los que buscaban Ver), participaban en ritos
cuyas experiencias más profundas se mantenían en secreto ante quienes no habían
pasado por ellas. Hacían el viaje, entraban en el santuario y bebían el kykeón, una antigua bebida ritual elaborada con agua,
cebada y poleo, una planta de la familia de la menta. Se ha propuesto que
pudiera contener sustancias psicoactivas, quizá procedentes del cornezuelo, un
hongo que puede crecer en los cereales, aunque esto sigue siendo una hipótesis.
En el corazón de aquellos
Misterios estaba la experiencia de Ver por una misma, de acceder a una
percepción que las palabras, por sí solas, no podían transmitir. Quizá esa sea
la invitación que ahora tenemos ante nosotras: seguir a Venus bajo la superficie
de nuestras vidas habituales y prestar atención a lo que se vuelve visible en
la oscuridad.
The Rape of Proserpine by Padovanino (Photo by © Arte & Immagini
srl/CORBIS/Corbis via Getty Images)
Este es un momento maravilloso
para RE-evaluar lo que estamos haciendo con nuestras vidas, para RE-tomar
cambios que quizá despierten partes de nosotras mismas que necesitan ser
exploradas y revitalizadas. No sé vosotras, pero eso es exactamente lo que yo
siento deseos de hacer. Sobre todo, es tiempo de RE-conocer las voces de
nuestros antepasados en nuestra psique y comprender cómo siguen viviendo en
nosotras. Como nos recuerda la inscripción del santuario de Apolo en Delfos:
«Conócete a ti mismo». Los griegos lo vienen diciendo por mas de 2000 años.
Cada ocho años, Venus repite
su ciclo retrógrado en una región muy similar del zodíaco, aunque los grados de
sus estaciones se desplazan aproximadamente dos grados hacia atrás cada vez. Cinco
ciclos de Venus componen este patrón de ocho años. Por eso, si tenéis planetas
cerca de los 8°-15º de Escorpio, Tauro, Leo o Acuario, puede resultar revelador
recordar qué sucedía en vuestras vidas durante las anteriores retrogradaciones
de Venus en Escorpio. En 2002 comenzó a 15°36′ de Escorpio; en 2010, a 13°14′;
en 2018, a 10°50′; y ahora, a 8°29′. ¿Recordáis lo que vivíais entonces?
Las fechas principales de esta
retrogradación, según la hora de España peninsular, son las siguientes:
31 de agosto de 2026: Venus entra en la sombra previa a la
retrogradación, al alcanzar los 22°52′ de Libra, el grado al que regresará
antes de retomar su marcha directa.
3 de octubre de 2026: Venus estaciona retrógrada a 8°29′ de Escorpio.
20 de octubre de 2026: Venus retrógrada forma una cuadratura exacta con
Plutón.
24 de octubre de 2026: Venus forma su conjunción inferior exacta con el
Sol, a unos 0°45′ de Escorpio. Este encuentro, conocido astrológicamente como cazimi, simboliza el renacimiento de su ciclo.
25 de octubre de 2026: Venus regresa a Libra en su movimiento retrógrado.
14 de noviembre de 2026: Venus estaciona directa a 22°52′ de Libra.
15 de diciembre de 2026: Venus sale de la sombra posterior a la
retrogradación, al volver a alcanzar el grado donde inició su retroceso.
Si vivimos esta retrogradación
con consciencia, quizá al final comprendamos cuánto podemos ver ahora que antes
no veíamos. Habremos atravesado nuestra propia «iniciación».
Y, hacia finales de octubre,
Mercurio también se detiene para volver sobre una región del zodíaco que
necesita ser RE-considerada. Estacionará retrógrado el 24 de octubre, cerca de
los 21° de Escorpio, y retrocederá hasta los 5°02′ de ese signo, donde retomará
su marcha directa el 13 de noviembre. Buscad dónde se encuentra ese tramo del
zodíaco en vuestra carta: allí podréis RE- conocer
qué ámbito de vuestra vida os invita a RE-considerar, RE-estructurar o,
simplemente, dejar ir, soltar. Cuando algo ha cumplido su propósito,
necesitamos seguir adelante, no sin antes dar las gracias a ese periodo de
nuestra vida, por muy alegre o doloroso que haya sido. Aprendemos de todo lo
que experimentamos, o al menos esa es la posibilidad que se nos ofrece.
Ninguno de estos procesos
tiene por qué ser doloroso, aunque desprendernos de una faceta conocida de
nosotras mismas pueda resultar triste por momentosa y causarnos ansiedad. Pero,
como sugiere ahora Júpiter en Leo, tenemos tanto que explorar acerca de nosotras
mismas que resulta emocionante descubrir cuánto desconocemos todavía de la
persona que somos y por sobre todo, que podemos llegar a Ser.
¡Sed valientes y atreveos a
explorar!

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