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28 de febrero de 2016

Ante la Hermandad Femenina Lemuriana (16)

Traducción del Audio  de la Canalización de Kryon por Lee Carroll
Toronto, Cánada, 13 Febrero de 2016

Saludos, queridas damas, Yo Soy Kryon del Servicio Magnético.
Mi socio se hace a un lado, lejos.  Y como dijimos antes, en estos mensajes no se le permite asistir; no es porque aquí haya secretos, ya que más tarde los escuchará, como lo hará el público.  La razón es esta: ustedes están celebrando el género; él no es de su género, de modo que para honrar eso, lo apartamos. La voz que ustedes oyen es masculina, pero él se ha apartado y la consciencia masculina también.  Ustedes escuchan a quien no es de un género ni del otro: yo soy Kryon, y ahora saben por qué es como es. La reunión es para honrar a las mujeres, y eso hacemos.  No se dejen engañar por la voz.
Es el Día de San Valentín. Dije eso hoy más temprano, tal vez no aquí, pero en algún lado. Y tal vez sea hora de revelar un poco sobre hombres y mujeres en Lemuria.  Puede que estas cosas les interesen, porque eran distintas de como son hoy, o quizás de como ustedes podrían pensar que serían.  Y ustedes participaron en todo eso.
Aquí hablo a un grupo de mujeres que son dadoras de vida; no todas pero casi todas. Lo
diré otra vez: han venido aquí, a este lugar, a este salón, en este día, a través de todos esos miles de años y muchas encarnaciones en ambos géneros, y decimos nuevamente:  ¿Cuáles serían las probabilidades de que hayas sido mujer en aquel entonces y mujer ahora?  Les diría que 100%.  No es por accidente, querida alma antigua, que esta vez, en esta nueva energía, querida alma antigua, viniste otra vez como mujer.
 Su Akasha les servirá muy bien para recordar lo que fue Lemuria para ustedes, que fueron dadoras de vida así como dadoras del espíritu, fueron las chamanas de la aldea, las que sostenían la antorcha. Y aquí están otra vez.  Saber esto les sirve.  Les ayuda a sentir la autoestima de quiénes son, de quiénes han sido, y cómo pueden hoy ayudar al planeta así como lo hicieron antes.  Por medio de la Hermandad Femenina ustedes recuerdan las piezas y partes que son ustedes, aliándose especialmente a una época de Lemuria.
¿Cuáles son las probabilidades de que hayan estado en Lemuria en algún momento del tiempo a lo largo de esos miles de años? ¿Cuáles son las probabilidades?  100%.  La sincronicidad las trae a este lugar. Hay hombres que desearían poder sentarse aquí, porque lo recuerdan de modo distinto. Quiero hablarles de eso; quiero contarles sobre las relaciones, sobre lo que tal vez nunca hablamos antes y que sería de interés para ustedes.  ¿Cómo era la vida allá?  Además de lo que ya hablamos, los círculos sagrados de las mujeres, lo que ustedes hacían por los hombres, lo que hacían por ese pequeño continente llamado Lemuria.    
Si han escuchado estas canalizaciones, conocen su misterio, saben quiénes han sido ustedes. Sabían que los hombres contaban con ello; querían esto por parte de ustedes, era natural.  Es natural que la dadora de vida en este planeta sea la que está conectada en primer lugar con la Fuente Creadora, y ustedes lo estaban.
Entonces, ¿qué pasaba con los hombres y las mujeres? ¿Les gustaría saber algo sobre el matrimonio?  No había matrimonio.  Había ceremonia; diferente de lo que podrían imaginar, e involucraba a todos. Ustedes no tenían una sociedad que se iba a casa a unas chozas.  Era distinto; un comienzo, un verdadero comienzo, una consciencia inmadura en lo que concierne a la sociedad, así era Lemuria.  Más tarde se volvió más sofisticada, pero al principio era más comunitaria, y lo que quiero decir es que vivían los tiempos y los lugares todos juntos.  Ustedes solo tomaban un esposo por vez, pero muchos vivían juntos, no se vivía aislado como hoy, que se van a una vivienda y cierran la puerta.
El matrimonio era sagrado.  No era arreglado; ustedes podían elegir - todas las mujeres tenían elección. Lo interesante de esto es que las mujeres elegían primero (se ríe).  Lo triste de esto - ahora se los cuento - es que los hombres solo se podían casar después de los cincuenta años.  La expectativa de vida para todos en Lemuria era mucho mayor que la de ahora.  Es solo una cuestión de sentido común: tenían una sociedad aislada, un mini-continente, y no tenían las enfermedades de los continentes grandes; no tenían visitantes desde ellos.  Era casi una sociedad encapsulada, donde podían cultivar sus propias curas medicinales para cualquier cosa que les aquejara, y el ADN era más puro que lo que es ahora.  Vivían una vida larga, vivían vidas saludables también.  Una de las razones es que todo lo que comían era super fresco.  La mayoría de las cosas que comían, el 90% o más, provenía del océano. Sus esposos y sus familiares, todos los hombres, pescaban. Eso es lo que hacían.  Les contamos antes: parte de su trabajo, queridas mujeres, en los círculos sagrados en que estaban, además de que casi todos los meses alguna daba a luz, y el círculo, parte de su trabajo era bendecir la pesca.  Muy temprano cada mañana les decían a los hombres, en otra ceremonia,  adónde ir para encontrar peces ese día.  Ya ven cómo ellos contaban con ustedes. ¿Cómo podían ustedes saber estas cosas?  Todo lo que les diré es que esto, otra vez, tiene que ver con potenciales, tiene que ver con la sabiduría; con saber cosas que otros tal vez no saben. Se trata de la conexión con el otro lado del velo.  ¿Pueden ver el valor que ustedes representaban para toda la sociedad? 
Los hombres recién podían casarse después de los cincuenta. Había un respeto por la edad. Las mujeres podían casarse tan pronto como pudieran concebir; los hombres solo se podían casar después de los cincuenta.  Ahora bien; esto puede parecerles raro; ellos tenían un sistema.  No era un sistema ligado al calendario en absoluto. Tenía que ver más bien con las estrellas, con el clima - en gran medida con el clima - con los vientos, y cómo variaban, cuándo recibían ciertas clases de cosas. Había ceremonias, épocas para casarse - aunque no había matrimonios - había simplemente una ceremonia de uno con el otro.  Les dije que las mujeres elegían.  Cuando los hombres pasaban de los cincuenta, eran elegidos (se ríe) por las mujeres.  Ellos no elegían; elegían las mujeres.
Por cierto, esto era un honor, y al hombre de más de cincuenta no le importaba mucho (se ríe) porque recibía una esposa joven.  Luego sucedía una cosa interesante.  Si la mujer lo sobrevivía, y casi siempre lo hacía, la esposa tenía entonces la opción de a cuál hermano de él dirigirse, de modo que casi todas las mujeres tenían eventualmente dos esposos como linaje, porque uno eventualmente fallecía.  Si ese hermano moría, entonces la mujer era viuda y podía elegir nuevamente otro hombre de cincuenta años. Si lo deseaba; la mayoría no lo hacía.
Pero era una cultura interesante, y la forma en que funcionaba y por qué funcionaba. Ellos tenían una sociedad y reglas, igual que ahora.  Hombres y mujeres tenían algunos problemas igual que ahora. Los humanos son humanos.  Pero quiero decirles algo.  Les quiero contar sobre un tiempo especial - llamémoslo así - en el año.  No duraba más de tres días, pero una vez al año, cuando el viento soplaba de cierta manera, se hacía otra clase de homenaje: es lo más cercano que puedan encontrar a un día de San Valentín.
Podría ser de interés para ustedes saber que el trabajo se compartía de una forma interesante que ustedes no conocen. No se lo hemos contado, ustedes simplemente supusieron, porque las mujeres se quedaban en casa, hacían las tareas domésticas, cocinaban las comidas, cuidaban a los niños, y en esta sociedad peculiar también eran las chamanas; ¡estaban ocupadas!  Pero no es eso necesariamente lo que hacían.
En primer lugar, hubiera sido inaceptable que una mujer cocinara los peces que habían pescado los hombres.  Los hombres cocinaban los peces. ¿No tiene sentido?  Ellos salían, ellos pescaban, ellos traían la pesca, decían hola (se ríe), ¡el pez moría en sus manos y ellos lo cocinaban! ¡Realmente tenían una ceremonia para eso!  Todos los hombres cocinaban los peces. Ciertamente era una cocina comunitaria. No todos habían pescado lo que querían, de modo que juntaban todo. Cada uno se beneficiaba del alimento de otros. ¿No tiene sentido?  Las mujeres no cocinaban, pero sí cosechaban vegetales en la isla; el trópico era maravilloso para que creciera toda clase de cosas, de modo que, en lugar de cocinar, ustedes estaban cosechando y cuidando a los niños.
Todos hicimos eso, queridas; todos los lemurianos.  Las mujeres no cocinaban. ¿Qué les parece hasta aquí? (se ríe)
Ahora bien, este era un momento especial en el año.  Es difícil describir a una sociedad que no usaba relojes, realmente.  Ustedes lo sentían, sabían qué hacer.  Los ciclos eran los ciclos. Lo mismo sucedía con los ciclos de los nacimientos; nunca cambiaban.  Pero en lo que concernía a ciertos tipos de celebraciones, la que determinaba cuándo era la fecha era Gaia.  Había una celebración de tres días: se celebraba a las mujeres. A los hombres les encantaba.  Ellos se disfrazaban (se ríe); se ponían colores especiales - no se rían - los colores que usaban las mujeres; se vestían como mujeres.  Era en honor de las mujeres durante tres días, y lo que hacían era cambiar sus roles durante tres días con los niños; los hombres cuidaban a los niños.  El día de San Valentín era un tiempo en que ellos le agradecían a las mujeres; tomaban la carga de los niños, e incluso todavía cocinaban - ¡imaginen eso!  (se ríe).  Era un honor.
 Se reverenciaba a una mujer mayor, generalmente la que tenía más nietos.  Ellas se sentaban adelante. Cuando quiera que había una ceremonia, ellas se sentaban adelante; las mujeres mayores eran consideradas casi como dioses, porque habían estado más tiempo en la Hermandad Femenina Lemuriana, porque se habían comunicado con el Espíritu y habían guiado a los hombres hacia los peces durante tanto tiempo, eran las que habían ayudado tanto a esta civilización a sobrevivir, y ellas se sentaban adelante.  Ustedes podrían preguntar: "Bueno, dónde se sentaban los ancianos de la tribu?"  (se ríe)  ¡Adelante! Porque ellas eran los ancianos de la tribu. ¿No les dije eso? Las mujeres mayores; a los hombres les encantaba, durante tres días se vestían como ustedes, con sus colores, cuidaban a los niños, era una forma de decir ¡Amamos a nuestras mujeres!  ¡Esas eran ustedes! Eso es un Día de San Valentín al estilo lemuriano.
Es suficiente por ahora.
Y así es.
          Kryon


Traducción: M. Cristina Cáffaro

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