Muchas personas están viendo en una montaña rusa.
Todo
arriba: creando, con energía, alegre, todo sincronizado y queriendo llevarme el
mundo por delante.
De
pronto, sin aviso, la energía se acababa, entraba en un pozo todo oscuro, con
angustia y una tristeza que no sabía de dónde venía.
Me
preguntaba ¿Para qué vine? ¿Qué estoy haciendo acá?
Ese
pozo tenía nombre: vacío existencial.
La mayoría de las personas creen que eso es normal, que la vida es así en estos últimos tiempos con tanta vorágine.
¿Esto
es la vida, así hay que vivirla subiendo y bajando constantemente?
Esto
no es normal, la vida no se debe vivir así.
Y
llegó el momento en que descubrí de dónde venía ese vacío.
Las
mujeres llevamos dentro un fuego divino, un fuego que alimenta el hogar, el
útero que contiene la vida.
La
mujer es la cuidadora de ese fuego de creación. Es quien cuida de la vida en su
matriz, útero.
Ese
vacío que sientes no es falta de algo, es que te vaciaste demasiado sosteniendo
y dando energía hacia el afuera.
Eres
una vasija y cada vez que das hacia afuera lo que no te das a vos, esa vasija
se vacía un poco más.
Compasión
para todos, menos para vos.
Dedicación
para todos, menos para vos.
Cosas
que haces por otros y que jamás harías por ti misma.
Hasta
que un día la vasija queda vacía y ahí aparece el pozo.
El
fuego de la mujer vive en su plexo solar, primero va hacia adentro.
Primero
ilumina su propia cueva, después, el hogar.
Cuando
una mujer no hace ese movimiento hacia adentro, va a pedirlo afuera y se pasa
la vida haciendo cosas para todos, esperando: “a ver si mis hijos se dan cuenta
de todo lo que hago”, “a ver si mi marido algún día lo agradece”.
Esperando
que alguien le dé el reconocimiento que ella todavía no se dio.
Esa
mujer siente un dolor desgarrador. Sentir que las personas que te rodean y el
hombre que tienes al lado no ven quién eres y te pasas la vida luchando para
que lo vean.
Cuando
el problema nunca fueron ellos, sino que yo todavía no había entrado a mi
propio fuego.
Y
no es casual que esto se te esté moviendo justo ahora.
Venus
está retrógrada en Escorpio hasta el 25 de octubre y está revisando lo que deseas,
cómo te vinculas y desde dónde mides tu valor.
Y
además Escorpio es el signo de lo que se guarda adentro.
Es
el momento de volver al centro del templo.
Una
mujer que enciende su fuego adentro antes de darlo afuera no se vacía, ilumina:
a su casa, su pareja, sus hijos, su trabajo… sin tener que mendigar nada a
cambio.
Ahora
bien, ¿cómo se hace ese movimiento hacia adentro?
Es
algo muy profundo que tiene que ver con saber cómo se mueve cada centro de
energía de tu cuerpo de mujer.
Tomado
de un artículo de Aripka Maia
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