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25 de diciembre de 2019

Astromedicina y decumbitura


El hombre anatómico (1416) Miniatura de «Les tres riches heures du Conte de Berry»

Extracto del Astroglosario de Bruno Huber (traducción: Joan Solé, 2000-2007)
En los textos de la Edad Media aparece como iatromatemática (gr. iatros, médico). En general, se entiende por astromedicina la utilización del horóscopo individual para el diagnóstico de enfermedades (ya sea para realizar una predicción de enfermedades futuras o para diagnosticar una enfermedad ya contraída).
En los siglos pasados, la terapia adecuada para una enfermedad se determinaba mediante el horóscopo de decumbitura (ver al final) que se calculaba para el momento del inicio de la enfermedad.
Hacia el final de la Edad Media, el arte de la iatromatemática se enseñaba en las universidades. En aquellos tiempos, un médico era casi siempre matematicus et astrologus.
Este arte tuvo un gran florecimiento entre los siglos XIII y XVII. Por una parte tuvo exponentes asombrosos y admirables (Agrippa, Paracelso, etc.) pero, por otra, dejó a muchas personas enfermas para toda la vida y provocó muertes anticipadas. Molière decía con una gran dosis de ironía: «El enfermo no muere de la enfermedad, sino de los médicos».
Pero, sin duda, la forma más noble (según la valoración actual) se dio en la cultura griega. El exponente más extraordinario fue Hipócrates (400 a.C.) que, a modo de invocación del dios Esculapio, construyó un enorme complejo de salud en la isla de Cos, que fue a la vez un lugar de salud, una universidad y un templo.
Su lema era buscar la salud en la unidad de cuerpo, alma y espíritu, y sintiéndose parte de la naturaleza y el cosmos.
Hipócrates influyó e inspiró a muchos grandes pensadores. Desafortunadamente, casi no disponemos de información de primera mano sobre los métodos propios de esa época.
Lo que hoy conocemos de la época clásica se debe fundamentalmente a Ptolomeo (Tetrabiblos). Se trata sobre todo de una clasificación de las distintas partes del cuerpo humano según los signos zodiacales, que se ha venido utilizando de forma general hasta nuestros días:

Debe destacarse que, en esta clasificación, a parte del corazón, el estómago y los intestinos, no se nombra ningún otro órgano interno. Órganos como el cerebro, los pulmones, los riñones y otros fueron añadidos posteriormente por los árabes entre los siglos VI y X.
La clasificación de los cuatro elementos realizada en la Grecia clásica (fuego, tierra, aire y agua, hoy reconocibles como los cuatro estados agregados de la materia en física: sólido, líquido, gas y plasma) fueron formulados ya por Empédocles (550 a.C.) como los fluidos corporales o temperamentos (humores) condicionantes del estado de salud:

En algún momento hacia el final de la Edad Media, las formulaciones de agua y tierra fueron intercambiadas. Se desconoce el autor. Esta sistemática fue utilizada durante bastante tiempo como esquema simple para realizar los dictámenes de salud o enfermedad pero, con frecuencia, condujo a tratamientos erróneos y peligrosos.
Este modelo no encaja con los actuales conocimientos médicos (de hecho, hoy tampoco sabemos qué entendía Empédocles, en realidad, bajo determinados conceptos como flema, bilis negra, etc.).
A partir del Renacimiento hay una serie interminable de intentos de asociar los planetas a los órganos internos, puesto que los antiguos no dejaron nada establecido al respecto. Ninguno de los diferentes sistemas (bastante contradictorios entre sí) da buenos resultados en la práctica de la medicina moderna debido al concepto completamente distinto y altamente complejo que se tiene actualmente de las funciones de los órganos.
 «El hombre terreno, natural y tenebroso» Theosophica Practica, 1696, Johann Georg Gichtel. Según el punto de vista actual, Marte y Mercurio deberían intercambiarse (según la óptica del Barroco es correcto).
Debido a su construcción excesivamente simple y lapidaria, los sistemas antiguos no funcionan bajo los significados de los nuevos planetas. Sin embargo, existe un esquema que sí encaja con los conocimientos médicos actuales. Se encuentra sobre todo en la astrología hindú, pero también en algunos alquimistas y teurgos europeos como Gichtel (Teosofía Práctica, 1.696).
Este sistema establece una correlación entre los siete planetas clásicos (desde la Luna hasta Saturno) y los centros etéricos del cuerpo humano postulados por los esotéricos. En el esoterismo moderno (teosofía), estos centros se asocian al sistema de glándulas de secreción interna. La medicina moderna considera este sistema de hormonas como un decisivo mecanismo biológico de dirección de todas las funciones de los órganos humanos.
Las glándulas segregan las hormonas que producen directamente en el flujo sanguíneo de forma que, en muy poco tiempo, alcanzan el órgano necesario para la respuesta ante la situación del entorno registrada.
Las glándulas han sido previamente estimuladas debido a la recepción de un estímulo mediante algún órgano sensorial (algo se ha visto, oído, etc.).
Este sistema biológico extraordinariamente inteligente, no sólo tiene soberanía para la autoconservación del propio cuerpo, sino que también es la instancia mediadora con los procesos psíquicos inconscientes y conscientes: el mecanismo psicosomático.
Si los conocimientos de esta sistemática se emplean en un horóscopo individual, se puede ir a las raíces de la enfermedad. Los éxitos de curación con terapias médicas o psicológicas son más profundos que con los usuales diagnósticos sobre el círculo de síntomas.
El sistema ha sido clínicamente probado múltiples veces (siempre con claros resultados positivos). No obstante, para que pueda ser manejado desde el punto de vista médico sin problemas, debe ser probado más ampliamente. Desafortunadamente, faltan especialistas en el sistema glandular (endocrinólogos) y en procesos psicosomáticos que estén dispuestos a emprender una investigación tan poco ortodoxa (por astrológica) con su fondo de conocimientos y de experiencia.


Decumbitura
(N del T: Extracto del Diccionario Astrológico de Nicholas Devore:
Decumbitura: Literalmentre: acción de yacer. Figura horaria erigida para el momento en que una persona se enferma, juzgándose por él la naturaleza posible, pronóstico y duración de la enfermedad).
Horóscopo calculado para el momento del inicio de una enfermedad. Este horóscopo (así se acepta) debe contener la «causa de la enfermedad», cuya localización y definición permite determinar la «cura» adecuada, es decir, la medicación pertinente.
Hoy, el término decumbitura prácticamente no se utiliza. Muchos astrólogos ni siquiera lo conocen y la técnica apenas se emplea. Diversos motivos lo explican.
El método proviene de los griegos. La bibliografía disponible es del período del Renacimiento, época en la que la decumbitura tuvo un gran florecimiento.
La idea fundamental era que, desde el punto de vista cósmico, el momento del inicio de la enfermedad era un momento enfermizo, esto es, un momento en el que no podía ocurrir nada bueno (así lo definen por lo menos Junctinus (1523-1580) y otros autores de su época).
Entre los distintos autores existen conceptos contradictorios; por ejemplo, en lo referente a cual es el momento correcto para el cálculo de la decumbitura. ¿Es el momento en el que aparece la enfermedad o el momento en que los familiares se dan cuenta? ¿O debe escogerse el momento en que el médico lo formula de forma oficial? Esto ha recibido distintos tratamientos.
No obstante, desde la óptica actual, existe un elemento que constituye un error fundamental en el método. Se trata del hecho de que toda la literatura presenta la decumbitura como un método independiente y aislado, es decir, existente por sí mismo.
En ningún momento se busca o se recomienda establecer una relación con el horósocopo natal del paciente. Y, efectivamente, esto constituye un punto de vista limitado de la situación y peligroso (que por otra parte, es típica del pensamiento determinista de la Edad Media). En el mismo momento podría nacer un niño que, en consecuencia, debería estar enfermo durante toda su vida. Sin embargo, existe suficiente evidencia que demuestra que éste no es el caso.
Los métodos modernos consideran los tránsitos u otros elementos de tiempo y los aspectos que se forman con el horóscopo del enfermo, considerándolos como «desencadenantes» de la enfermedad. De todos modos, hoy, las causas de la enfermedad se buscan en la estructura del horóscopo natal del paciente.
Gráfico de La astrología y los siete rayos (Bruno & Louise Huber), API Ediciones, 2007



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