Centro Holística Hayden

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31 de octubre de 2019

Tres pasos para dejar de quejarnos y comenzar a agradecer


El Centro de Kabbalah

¿Alguna vez has notado que cuando te quejas de algo que te incomoda, el problema parece crecer en lugar de disminuir? Quizá has tenido un largo día y te estás quejando del trabajo con tu pareja. Esperas que hablar de tus problemas te haga sentir mejor, pero de alguna manera terminas todavía más enojado. Esto incluso sucede a veces en un grupo. Tal vez tus compañeros de trabajo y tú están quejándose del jefe a la hora del almuerzo. Cuando todos terminan de comer, están de mal humor y se sienten completamente estancados en una situación sin salida.


"TODO EN NUESTRA VIDA PROVIENE DIRECTAMENTE DEL CREADOR".

Si bien es importante abrirnos y conversar con otras personas cuando estamos luchando con algo, con frecuencia podemos caer en el territorio de las quejas. Cuando nos quejamos, concentramos nuestra atención en lo negativo de la situación en lugar de las soluciones o las lecciones de vida. Quizá pensamos que estamos expresando nuestras frustraciones, pero en realidad les estamos dando energía. Y cuanta más energía demos a algo, más fuerte se vuelve. Es por ello que quejarse es una poderosa fuente de desconexión y caos en nuestra vida. Tiene el poder de atraer más negatividad a nuestra vida e intensificar nuestros problemas.
Entonces, ¿qué podemos hacer cuando nos damos cuenta de que comenzamos a quejarnos? ¿Cómo podemos cambiar nuestra conciencia?
1. Entender que quejarse es desconectarse del Creador.
Si creemos que todo en nuestra vida proviene directamente del Creador, entonces deberíamos entender que incluso nuestros obstáculos son regalos ocultos que tienen la función de enseñarnos algo o impulsarnos en una nueva dirección. Por lo tanto, cuando nos quejamos sobre nuestra situación, en realidad nos estamos quejando del Creador y diciéndole que no nos agrada lo que Él ha puesto en nuestra vida. Lo opuesto de la queja es apreciar las bendiciones en nuestra vida. Esto no quiere decir que nos engañemos al creer que todo siempre está bien y que no necesitamos conversar las cosas cuando no marchan bien. Esto solo significa que entendemos que incluso los desafíos de la vida son una bendición con el propósito de transformarnos y mejorar.
2. Pregunta “por qué”.
En lugar de quejarte, un método mejor es preguntar al Creador: “¿Por qué enviaste esto a mi vida? ¿Qué quieres enseñarme?”. Cuando hacemos esto, nos abrimos a las verdaderas lecciones que debemos aprender y nos ayuda a obtener una nueva gratitud por nuestras circunstancias. Lo mismo sucede cuando algo maravilloso ocurre. Podemos disfrutar de esta experiencia en un nivel físico, pero también es importante conectarnos con la razón detrás de ella, el verdadero propósito, a fin de disfrutar plenitud duradera.
3. Asume la responsabilidad.
Al quejarnos, hacemos de alguien o algo la causa de nuestra infelicidad. Creemos que si esa persona actuara de forma diferente o si nuestra situación cambiara, seríamos felices. Esto en realidad da a la persona o a la situación un poder increíble sobre nosotros: el poder de controlar cómo percibimos nuestra vida y, en algunas situaciones, ¡hasta cómo nos percibimos a nosotros mismos! Cuando reconocemos que podemos controlar cómo reaccionamos ante una situación y lo que podemos recibir de la misma, podemos ver que la situación no tiene que controlarnos. Es fácil culpar a otras personas por nuestros infortunios; es mucho más difícil ver que tenemos el poder para superarlos. Por supuesto, algunas veces habrá personas nocivas y a veces tenemos que hacer cambios en nuestra vida, pero estos cambios debemos hacerlos con claridad, aceptación de las lecciones de la vida y un esfuerzo por seguir adelante.
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Quejarse es un impulso natural. Todos experimentamos momentos de apreciación y de quejas. A veces sentimos la Luz a nuestro alrededor y vemos todo como una hermosa lección de vida. Otras veces nos cuesta ver que algo bueno podría surgir de una situación. Es un proceso constante por el que pasamos a fin de hallar apreciación por todas las cosas. Se requiere de mucha certeza en que el Creador quiere lo mejor para nosotros. Si confiamos en que el Creador sabe lo que nuestra alma necesita, podremos avanzar con más apreciación y menos quejas.

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