Centro Holística Hayden

Escuela de Autoconocimiento personal y espiritual

Master Reiki Usui - Master Reiki Karuna - Master Reiki Egipcio Seichim - Terapeuta Holística - Facilitadora espiritual - Numeróloga Evolutiva Humanista.

A través de estas herramientas te encuentras con tu verdadero Ser...aqui estamos....esperando darte la mano.........

23 de junio de 2018

Simbolos: Acanto


By PHILEAS 

El acanto es una planta de profundo simbolismo, cuyo nombre proviene del griego “akantha” (espina), y en ella se destacan justamente sus hojas espinosas, que representan las dificultades de la vida.
Esta característica ya la hemos analizado en el artículo “Via Spinosa”, donde se dijo que las espinas aluden al triunfo sobre las adversidades que puede resumirse en la frase latina “Ad astra per aspera”, es decir “hacia las estrellas a través de las dificultades”, recordando siempre que quienes recorren el sendero iniciático deben estar dispuestos a afrontar pruebas de todo tipo: físicas, emocionales, mentales y espirituales.
En Grecia, el acanto tenía un carácter funerario y sus hojas eran utilizadas en la decoración de las tumbas y los mausoleos, representando la inmortalidad, la permanencia del recuerdo siempre vivo más allá de la muerte. En este contexto, las hojas de acanto están por encima de las otras hojas caducas o perennes pues, al ser talladas en piedra, se convierten en inmortales.
El acanto y el orden corintio
El origen del orden arquitectónico corintio está íntimamente ligado al acanto, y Vitruvio atribuye su descubrimiento a Calímaco. Según se cuenta, unas personas dejaron olvidada, en una huerta, una canasta cubierta con una loza de barro para proteger su contenido. Después de varias semanas, una planta de acanto, que había quedado casualmente debajo de la canasta, creció a los lados de la misma.
El escultor Calímaco, que casualmente pasaba por el lugar, observó la belleza del acanto colándose con fuerza sobre la canasta y se le ocurrió decorar las columnas de sus creaciones con esta planta. Los arquitectos aceptaron con gusto la innovación del joven escultor y la comenzaron a implementar en sus construcciones, dando origen al orden corintio, tal vez el más elegante de los órdenes clásicos.

Calímaco crea el capitel corintio (dibujo de Edward Francis Burney)

Acepciones cristianas del acanto

Acanto y dragones en la Fuente de la Matriz (Montevideo)

Además de su presencia fácilmente detectable en muchas columnas de nuestras ciudades iberoamericanas, el acanto también aparece en algunas fuentes de agua, como en la de la Plaza Matriz de Montevideo, donde decora cada uno de los platos simbolizando el dificultoso ascenso a lo más alto, en un gradual pasaje hasta estados de conciencia más elevados.
En el arte románico el acanto es usado como símbolo del sufrimiento y de la caída en la materia, donde siempre aparecen ligadas las espinas con el concepto cristiano del “valle de lágrimas” y del pecado original.
Sobre esto, dice un libro del siglo XVIII sobre la vida de Catalina de Siena: “Cuanto más agudo sea el dolor de las espinas en esta vida, tanto será de mayor preeciosidad en el Cielo la corona de la gloria; y los que buscan las flores y oro de los deleites en este valle de lágrimas, deben temer la intolerable diadema de espinas, que los ríos halagüeños de las delicias humanas no pueden evitar el fin de las amargas olas a donde corren” (1).
Desde esta perspectiva, el padre Ramiro de Pinedo sentencia: “La hoja del acanto (…) es una hoja de la que nacen espinas blandas al principio, que endureciéndose luego hieren fuertemente al que sin precaución las coge; y las espinas son símbolo de la solicitud y cuidado de las riquezas, de las concupiscencias y de los deleites del siglo, representando también el estímulo de la carne. Las hojas carnosas que estas espinas producen son la carne del pecado que con nosotros llevamos, de la que indefectiblemente nacen los vicios, débiles al principio, fuertes luego” (2).
Esta concepción de que el dolor y la negación del placer es un camino válido para alcanzar la felicidad en “otro mundo” ha sido una constante en la tradición monástica del cristianismo occidental, resumida en una frase de santa Marguerite Marie Alacoque: “Sólo el dolor hace sopor­table la vida”. [Ver artículo “Ascesis y ascetismo”]
En rigor de verdad, esta idea es absurda. Ni el placer ni el dolor pueden ser negados porque son una parte fundamental de nuestra vida en este plano y, como almas encarnadas, necesitamos de ambos para crecer en conciencia y descubrir nuestra naturaleza profunda. No es cierto que el mundo sea un “valle de lágrimas” y que hemos venido a sufrir. Más bien podríamos llamarlo un “gimnasio del Alma” donde somos entrenados, puestos a prueba, a fin de responder con habilidad a todos los desafíos que vayan apareciendo.
Las hojas espinosas de acanto nos revelan que las dificultades se terminan convirtiendo en escalones hacia lo más alto y que detrás de toda prueba hay una oportunidad. 
Ad astra per aspera.




Concordancia
“He sido un hombre afortunado; en la vida nada me ha sido fácil”. (Sigmund Freud)


Imágenes
Calímaco y el origen del orden corintio















La canasta tapada y la planta de acanto creciendo alrededor













El acanto relacionado con las adversidades










Pila bautismal en la Catedral de Buenos Aires (Foto: Daniel Pelúas)













Notas del texto
(1) Gisbert, Lorenzo: “Vida portentosa de la seráfica y cándida virgen Santa Catalina de Sena”
(2) Pinedo, Ramiro de: “El simbolismo en la escultura medieval española”


No hay comentarios:

Publicar un comentario