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25 de noviembre de 2018

CONOCIMIENTO ASTRONÓMICO ANCESTRAL


https://reydekish.com/2014/07/21/las-culturas-ancestrales-y-su-conocimiento-astronomico/

Una cantidad de civilizaciones ancestrales se dedicaron, con asombrosa obsesión y precisión, a la observación de los astros. El estudio de la astronomía era parte de sus costumbres y ritos, y los conocimientos que alcanzaron fueron realmente muy sofisticados.

Este culto a los astros se debe a que la mitología de muchas de estas culturas indica que sus dioses descendieron del cielo, provenientes de planetas que forman parte del sistema de determinadas estrellas. Por esto es habitual encontrar que algunas estrellas son parte de ciertos mitos y de ahí que hayan sido adoradas como dioses.


Algunos pueblos, incluso, construyeron monumentos y edificaciones alineadas con ciertos astros, y en otros casos, orientaron sus templos de modo que destacaran los movimientos del Sol.

Tal es el caso de los Mayas, quienes construyeron la pirámide de Kukulcán de modo que genere un efecto de serpiente descendiente durante el equinoccio. Por su parte, las pirámides de Giza, como las de Teotihuacán, parecen estar alineadas con el Cinturón de Orión.

Kukulcán, Chichen Itza. Equinoccio

Por otro lado, tanto Stonehenge, como ArkaimGilgal Refaim y las estructuras de Malta, serían edificaciones diseñadas para ser utilizadas como observatorios astronómicos, registrando varios fenómenos celestes.



Stonehenge – instrumento astronómico

En el caso de Chankillo, Perú, se trata de una estructura expresamente construida (c. 400-200 AEC) para funcionar como un observatorio solar. 

Las Trece Torres vistas desde el punto de observación oeste, con la indicación de la posición de salida del Sol en los solsticios, equinoccios y fechas de pasaje del cenit y anticenit en el año 300 AEC. Elaboración del gráfico: Clive Ruggles

Los pueblos HopiDogonTiwanacotas, entre otros, todos ellos tenían profundos conocimientos de los movimientos de los astros, cuando no también de arquitectura e ingeniería, de modo de poder construir edificaciones que generen los efectos de luz deseados ante ciertos fenómenos celestes.



El complejo de Mnajdra, Malta. Detalle de señalización astronómica

El calendario mesoamericano, cuya invención se atribuye a los Olmecas, y que fuera  posteriormente adoptado por los Mayas y luego por los Aztecas, era más preciso que el actual calendario gregoriano. Los egipcios también tenían precisos conocimientos de los astros y sus movimientos y sentían una extre­ma consideración por el zodiaco. Pero por sobre todos ellos, los sumerios fueron quienes iniciaron, en los comienzos de la civilización, el inventario celeste.

Calendario zoodiacal egipcio
 
Los orígenes de los conceptos astronómicos
Los sumerios, la primera civilización humana de la que tenemos registros, son acreedores del conocimiento astronómico más sofisticado de la antigüedad. Agruparon las estrellas en las constelaciones que hoy reconocemos, les dieron los nombres que aún usamos y las localizaron en el firmamento.




Tríada Astral Semita: Ishtar, Sin y Shamash, eran los miembros de la “Tríada semita” de dioses con relaciones celestes que se incorporó al panteón mesopotámico desde el Periodo Acadio.

Registraron el movimiento de avance diario del sol en su aparición por el horizonte y detectaron que hay un momento en el año en que sale 2 días en el mismo sitio. En esos dos días, el día y la noche tienen la misma duración, y lo convirtieron en un punto de referencia al que llamaron equinoccio. Con ese punto de referencia empezaron a contar el transcurrir del tiempo de la tierra.

Inventaron todos los conceptos de astronomía esférica, los polos, los ejes de rotación, la eclíptica, los solsticios y lo más increíble es que conocían el ciclo llamado precesión de los equinoccios. Éste consiste en el cambio lento y gradual en la orientación de la Tierra respecto de la esfera celeste, generado por la inclinación del eje de rotación terrestre lo que produce un efecto similar al bamboleo de un trompo.

A este ciclo, también conocido como año platónico, que se completa cada 25.776 años, lo dividieron en 12 cuadrantes, representado cada uno por un animal, en lo que todavía hoy conocemos como zodiaco. Cada cuadrante (o era astrológica) dura 2.148 años, y toma su nombre en función de la constelación que se visualiza en la posición por la que sale el sol al amanecer. Por caso, estamos ingresando en la era de Acuario.

La precesión de los equinoccios explica que las estrellas no están siempre fijas en el firmamento, sino que se desplazan siguiendo un ritmo muy particular de 1° cada 71.6 años, aprox. Dado que se trata de un desplazamiento casi imperceptible, la detección de ese movimiento requiere de una minuciosa observación de los movimientos de las estrellas en la bóveda celeste a través de los siglos.

Mapa de estrellas sumerio

¿Como es posible que la primer civilización de la que tengamos registros haya desarrollado todos los conocimientos de astronomía esférica? ¿Un día estaban aprendiendo a escribir y al siguiente ya detectaban el sutil movimiento aparente de los astros a razón de 1º cada 72 años?

¿Como es que se hicieron de todos estos conceptos tan abstractos y relativos en los albores de la civilización, sin ningún telescopio, calculadora ni ningún instrumento topográfico?

Además, ¿que pasó luego que nos olvidamos de todas estas nociones para que una humanidad, supuestamente más “avanzada”, creyera fervientemente que la Tierra era plana y estaba apoyada en 4 elefantes parados sobre una tortuga gigante, como si no hubiese existido nunca este enorme bagaje de conocimientos?

¿Como es que los sumerios inventaron la astronomía, las matemáticas y la escritura en un solo acto, y a nosotros, en este lentísimo proceso llamado “evolución de la humanidad”, salirnos de la idea de que el Sol gira alrededor de la Tierra nos llevó 1.500 años y cientos de miles de vidas en la hoguera?

Sirio, Orión y las Pléyades
De entre todas las estrellas, hay un trinómio que es, por lejos, del que más referencias se encuentran en todas las culturas ancestrales: Sirio, Orión y las Pléyades, todas ellas prácticamente en la misma línea del horizonte celeste.

Eje de Las Pléyades/cinturón de Orión/estrella Sirio

Es realmente llamativo el foco puesto por las culturas antiguas sobre este trinomio de estrellas en particular, de entre todas las existentes en el firmamento. Asimismo, no es menos sorprendente la cantidad de similitudes respecto de la simbología de estas estrellas entre las distintas y distantes culturas. De hecho, en la mayoría de los casos, aún basados en distintos mitos, representaban los mismos conceptos.


Las Pléyades
Las Pléyades gozan de un prominente lugar en la mitología de todos los tiempos. Las Pléyades (en griego Pleias, ‘muchas’; Pleiades, ‘hijas de Pléyone’; o Peleiades, ‘hijas de palomas’), en la mitología griega, son las siete hijas del titán Atlas y la ninfa marina Pléyone. Se las llama las Siete Hermanas porque son siete las estrellas visibles para el ojo humano, pero en realidad, este cúmulo contiene más de 400 estrellas.

Las Pléyades eran ninfas en el cortejo de Artemisa, y como ella, intentaban mantener su virginidad, sin embargo, dados sus notables encantos, varios de los dioses olímpicos (incluyendo a Zeus, Poseidón y Ares) mantuvieron relaciones con ellas, engendrando varios hijos:
Maya le da su nombre al mes de mayo. Con Zeus tuvo a Hermes, el mensajero, llamado Mercurio en la mitología romana. Esta estrella despide manganeso y mercurio, curiosamente, el nombre de su hijo.

Alcíone es una estrella múltiple, formada por otras cuatro que juntas, son la más brillante de las Pléyades y 1400 veces más brillante que el Sol. Alcíone se casó con Poeseidón, el dios del mar
.
Electra significa ámbar en griego. Tales de Mileto descubrió la electricidad estática en el siglo VII a.C. al frotar un trozo de ámbar y acercarlo a unas pajas. Por esta pléyade, la electricidad se llama electricidad. Zeus, tuvo varios hijos con ella, entre ellos Harmonía.

Mérope fue la única que se unió a un mortal, Sísifo, con quien tuvo a Glauco, el padre de Belerofonte que luego domaría al Pegaso y mató a la quimera.

Taigete significa cuello largo y fue adorada por los espartanos por ser la madre del fundador de la ciudad de Esparta, Lacedemón. Lo tuvo junto a Zeus, de quien Taigete huía, y Artemisa, para ayudarla, la convirtió en ciervo (aunque no sirvió de nada).

Astérope está formada por dos estrellas. Fue esposa de Ares. Su nombre significa “relampagueante”.

Celeno también tuvo hijos con Poseidón y además con Prometeo, el hermano de su padre.

En el mito griego, tras obligar a Atlas a cargar el mundo sobre sus hombros (por encabezar la rebelión de los Titanes contra los dioses olímpicos), Zeus transformó a las Pléyades en estrellas, como condena por relacionarse con los Titanes y engendrar a sus hijos. En la antigua Grecia, Homero las menciona en la Odisea (Canto V, 269-277) y en la Iliada (Canto XVIII, 483-489), en donde que también menciona a Orión y a la Osa.

The Pleiades by Elihu Wedder 1885

La primer mención de las Pléyades – y de todo astro en general – de la que se tiene registro es de origen sumerio, de 2.500 AEC, con el término de Mul-Mul (en sumerio, “estrella de estrellas”).




 Representación de las Pléyades (arriba a la derecha)

Según el libro “A Study of the Geography of 1 Enoch 17-19” de Kelley Coblentz Bautch, p 148:
“En el antiguo cercano oriente, las Pléyades estaban asociadas al mito de los siete demonios Sibettu, hijos del dios del inframundo, Enmesarra. Al ser vencidos por Marduk fueron condenados a permanecer como las siete estrellas (Pléyades) del firmamento por toda la eternidad.”

Tablilla con la imagen de Marduk luchando contra un dragón debajo de las Pléyades

En Egipto, las Siete Hathor de la manada celeste fueron nombradas en un hechizo del Libro de los Muertos, y los nombres que recibieron fueron: la “Señora del Universo”, “Tú, de Khemmis”, “Tu nombre prevalece sobre Occidente”, entre otros.

Papiro llegada de Ra desde las Pléyades

La tradición marcaba ofrecer oraciones por los muertos en la dirección de las Pléyades, para comenzar el viaje al paraíso de las estrellas distantes. Las “Siete Hathor”, estaban asociadas a un rebaño de vacas en cielo que proporcionaban el alimento, el pan y la cerveza, en el Otro Mundo.

En la India, el Mahábharata se refieren a ellas como Krittika o Kārtikā, que del sánscrito se puede traducir como “cortadoras”. En la tradición pre-védica (drávidas), las Pléyades se refieren a las 7 madres de los antiguos humanos y por lo tanto, como las 7 jueces espirituales de la humanidad.

Los persas las llamaron Thurayya, de donde deriva el nombre Soraya. Los chinos las registraron en el siglo III a.C. La palabra Subaru es la traducción al japonés de la palabra Pléyades.

En Irlanda, Tara, “Estrella de la Diosa”, es el nombre antiguo de las Pléyades, y también de la diosa Dravidiana. A partir de fuentes como el Libro de las Invasiones de Irlanda, se identifica a las Tuatha de ‘Danaan como la sociedad matriarcal que creó la cultura megalítica en ese país. Las Tuatha de’ Danaan llegaron en sus “naves nube” desde el cielo, y a pesar de que fueron registradas como “invasoras”, han sido más bien recordadas por sus talentos pacíficos para la creación de grandes estructuras de piedra, música y agricultura avanzada para la época. Hoy en día, la memoria popular de Irlanda, las recuerda como las “Magas Suaves”.

En la cosmología maya son fundamentales, de hecho, una de las estrellas es llamada “Maya“, y es considerada como gemela del Sol. Los mayas las llamaron Tzab-ek (cola de serpiente de cascabel), creían que era el lugar de donde ellos provenían, y basaron su calendario civil Haab en el ciclo anual de las Pléyades. También son mencionadas en el Popol Vuh (el libro sagrado del pueblo k’iche’, los mayas guatemaltecos) bajo el nombre de MOTZ, que significa “montón”.

Los mayas habrían basado su calendario de cuenta larga en el ciclo anual de las Pléyades y en Venus. Dicho calendario maya tuvo inicio hace 5.125 años, en el año 3.113 AEC, y finalizó en 2012, año en que Venus atravesó la constelación de las Pléyades. Casualmente, el 20 de mayo de 2012, hubo un eclipse solar en conjunción con las estrellas de Pleyades, así como también lo hubo en el año de inicio del ciclo largo.

¿Es posible que los mayas pudieran, no sólo llegar a comprender el movimiento de los astros, sino realizar proyecciones astronómicas de más de 5 mil años???

Los Mexicas (Aztecas) las conocían como Tianquiztli (“el mercado”), por la muchedumbre que en ellos se formaban.

Piedra del Sol – Calendario Azteca (Mexica)

Tanto la cosmología maya como la cheroqui entendían que la estrella Alción -la más brillante de las Pléyades- es el eje en torno al cual órbita el Sol (y el Sistema Planetario Solar completo), y que tarda unos 26 milenios en hacerlo.

Los indios Hopi las llamaban Choochokam: las Armoniosas, las Estrellas Abrazadas. Los indios navajo las conocieron por el nombre de Dilyéhé, “Pinlike Sparkles”, y les indicaba los tiempos para la siembra. Los Lakota creen que las Pléyades, llamadas Cmaamc (que aparentemente es un plural arcaico de la cmaam sustantivo “mujer”), son el hogar después de la muerte, pues el alma regresa a ellas. El Kiowa y el Cheyenne tienen historias orales que relatan cómo siete doncellas fueron colocadas en el cielo de la noche para protegerlas de un oso. Estas siete doncellas se convirtieron en las Pléyades.

Para los incas, la salida heliaca de las Pléyades daba inicio al año (de 13 a 15 días antes del solsticio de invierno), y las llamaban CAPOC Collea Coyllur, “el dios que lleva las cosas a la existencia”. En el antiguo Perú las Pléyades eran veneradas como “Los árbitros del destino humano.”

Las primeras civilizaciones de América del Sur comparten la creencia de que sus “dioses” provinieron de ellas para enseñarles a plantar y cosechar, utilizar las matemáticas y la astronomía. La tribu Apibones de la Amazonia brasileña cree que las Pléyades eran el hogar de sus antepasados.

En Polinesia son llamadas Mata-riki, que significa “Ojitos”. Para la cultura Maori, la aparición de las Pléyades marca el año nuevo.

En la Biblia se encuentran 3 menciones:
Job.9.9. Él hizo la Osa, el Orión y las Pléyades, Y los lugares secretos del sur;
Job.38.31. ¿Podrás tú atar los lazos de las Pléyades, O desatarás las ligaduras de Orión?
Amós.5.8. buscad al que hace las Pléyades y el Orión, y vuelve las tinieblas en mañana, y hace oscurecer el día como noche; el que llama a las aguas del mar, y las derrama sobre la faz de la tierra; Jehová es su nombre;

El libro de Enoch también parece mencionarlas:
Allí vi siete estrellas parecidas a grandes montañas, que ardían, y cuando pregunté sobre esto, el ángel me dijo:
“Este sitio es el final del cielo y de la tierra; ha llegado a ser la prisión de las estrellas y de los poderes del cielo. Las estrellas que ruedan sobre el fuego son las que han transgredido el mandamiento del Señor, desde el comienzo de su ascenso, porque no han llegado a su debido tiempo, y Él se irritó contra ellas y las ha encadenado hasta el tiempo de la consumación de su culpa para siempre, en el año del misterio”.

El ángel le dice a Enoc que ciertos ángeles caídos fueron “encadenados” a las siete estrellas como condena por tomar a las mujeres de la tierra. Este relato es muy similar a los mitos de Grecia y Mesopotamia, y es a su vez un claro paralelismo con el relato bíblico de los Nefilim.

Una pintura rupestre en la Cueva de Lascaux en Francia, datada del 16.000 AEC, parece ser la primera representación conocida de las Pléyades. Las pinturas rupestres no están normalmente asociadas con las constelaciones, pero en este caso hay una serie de puntos negros que parecen por su espaciamiento y orientación, representar las constelaciones de las Pléyades, Tauro y el cinturón de Orión.

Pintura rupestre en la cueva de Lascaux, Francia

Más sorprendente aún, el arte rupestre es claramente un toro -en realidad, un uro, el antepasado extinto de ganado doméstico-, lo que indica que la representación de la constelación como un toro puede remontarse a miles de años atras. Las puntas de los cuernos están colocadas para marcar las estrellas Zeta Tauri y beta -El Nath-.











Pléyades y la Constelación de Tauro

También se ha hallado un objeto, “El Disco de Nebra”, encontrado en Nebra, Sajonia-Anhalt, Alemania.

Se trata de un disco de bronce de unos 30 cm de  diámetro, patinado azul-verde, con incrustaciones de oro con símbolos que, según algunas interpretaciones, representa a los astros, incluyendo a las Pléyades. Está datado del 1600 AEC.
Interpretación del Disco de Nebra

Las Pléyades son conocidas en la actualidad como Objeto Messier 45, M45. Es un cúmulo abierto visible a simple vista en el cielo nocturno, que forman un sistema ubicado en la constelación de Tauro. Tiene unos 12 años luz de diámetro, y están ubicadas a una distancia de 380 años luz de la Tierra.

Tan centrales eran las Pléyades para las culturas antiguas que, Aldebarán, la estrella más brillante de la constelación de Tauro, proviene del árabe al-Dabaran, que significa ‘el que sigue’ (a las Pléyades).

Orión
Orión (“El Cazador”) es una de las constelaciones más destacadas a lo largo de la historia de la humanidad.
Podemos ver cómo, en diversas civilizaciones, esta agrupación de estrellas fue objeto de admiración, devoción e incluso inspiración en la construcción de complejos arquitectónicos.

Orión

Sus estrellas son muy brillantes y visibles desde ambos lados del hemisferio en invierno, y su rasgo más distintivo es una agrupación de tres estrellas en el centro de la constelación, conocidas como el Cinturón de Orión, Las Tres Marías o Los Tres Reyes Magos.

Orión

En el antiguo Egipto, dos de los principales dioses eran Osiris y su mujer Isis, a los que asociaban con Orión y la estrella Sirio respectivamente, y eran considerados los creadores de La Tierra y de la humanidad.









Correlación Orión-Pirámides

En los años 90, Robert Bauval y Adrian Gilbert se embarcaron en una investigación acerca del asentamiento de Gizeh y formularon sus conclusiones en lo que llamaron la Teoría de la Correlación de Orión, que consiste en la hipótesis de que las tres pirámides de Gizeh (Keops, Kefrén y Micerino) están situadas de tal manera que son una representación a escala de las tres estrellas que conforman el Cinturón de Orión, tal y como estaban situadas en el año 10.500 a. C.

Nilo/Via Láctea; Pirámides/Orión

Además, descubrieron que en la pirámide de Keops hay unos angostos canales que comunican la Cámara del Rey y de la Reina con el exterior, orientados de manera que cuando el primero trazaba una trayectoria hacia el centro de la constelación de Orión, el segundo la trazaba hacia la estrella Sirio.








Pirámide de Keops – canales que comunican con el exterior

Adrian Gilbert asimismo investigó la posible relación entre las pirámides de la Luna, el Sol y el Templo de Quetzalcóatl con las tres estrellas del cinturón de Orión, observando que existe una correlación, al igual que ocurre con las Pirámides de Gizeh en Egipto.

En otras civilizaciones, como la griega y la romana, encontramos referencias mitológicas y literarias respecto de Orión. Los sumerios, los primeros en registrar los astros, hasta donde se tiene conocimientos, lo llamaban mul Sipa-zi-an-na, que quiere decir “El Pastor Celeste”. Los Hopis llaman Hotomkam al Cinturón de Orión.

De acuerdo a los mitos de los tuaregs, un pueblo bereber de tradición nómada del desierto del Sahara) aseguran que su reina, Tin-Hinan, “se mezcló con los dioses para crear una nueva raza”. Los más ancianos depositarios de la tradición oral hablan de hombres de gran altura, de pelo amarillo y ojos rasgados, procedentes de Orión, y que fueron los padres de su pueblo“.

Comparativa de Orión, Giza y Teotihuacan.

Sirio
La mayoría de los pueblos antiguos identificaba el inicio del año con el día del nacimiento heliaco de una determinada estrella o constelación. Los egipcios utilizaban el día de nacimiento de Sirio, la estrella más brillante del cielo, que coincidía con la época de inundaciones del Nilo.








Sirio y Constelación de Orión

Otros pueblos antiguos también sentían una especial predilección por la estrella Sirio (Sirius) – Alfa del Can Mayor (la más luminosa de la constelación), los cuales han originado numerosos mitos desde los orígenes mismos de la historia de la humanidad, entre ellos, el inexplicable caso de los Dogon de Malí.

Los dogones, al igual que los egipcios, nos cuentan historias sobre sus “dioses” , que en un pasado remoto llegaron a la tierra desde la estrella Sirio (cual viajeros espaciales). Según su relato, estos dioses les habrían explicado a los dogones todos los detalles de Sirio, incluyendo su órbita, tamaño, elíptica y otros datos astronómicos relativos al cúmulo estelar.

Sistema de Sirio Dogón

Los dogones, así como los egipcios, tienen registro desde hace milenios que Sirio era un sistema formado por tres estrellas, y que Sirio B orbita alrededor de Sirio A, en un movimiento que dura 50 años.

Lo inexplicable de esto es que los datos astronómicos contenidos en estos mitos son sorprendentemente ciertos, corroborados por la ciencia astronómica recién en tiempos recientes. Dado que este hecho astronómico no es observable a simple vista, la precisión de esta afirmación no tiene una explicación alternativa a la mitológica.

Ciclo

En 1931 el antropólogo francés Marcel Griaule visitó por primera vez a esta tribu, recogiendo y publicando los registros de los dogones, que no sólo conocían el sistema de Sirio, sino que asimismo tenían conocimientos de los anillos de Saturno y las cuatro lunas galileas de Júpiter, todos ellos astros no visibles al ojo humano sin la utilización de telescopios.

Por aquella época nuestra astronomía desconocía que Sirio fuese un sistema triple, ya que fue recién en 1995 cuando los astrónomos franceses Benest y Duvent publicaron en la revista “Astronomy and Astrophysics” el descubrimiento de Sirio C por una perturbación observada en las órbitas de Sirio A y B. Según sus conclusiones Sirio C es una enana roja, muy poco brillante, todavía no visualizable con la tecnología óptica actual.

Sistema de Sirio

El mito de la creación para el pueblo dogon se centra en la estrella Sirio B, para ellos “Digitaria” o “PoTolo” (en dogon), descripta como la más pequeña y la más densa de todas las estrellas. Digitaria es, según los Dogon, el origen del Universo, la que contiene la esencia de todas las cosas.


Sirio A y Sirio B

Mientras que Sirio A es casi el doble de grande que nuestro sol, su temperatura superficial es el doble de alta y brilla con una intensidad unas 24 veces más fuerte, Sirio B, en cambio, es un poco más pequeña que la Tierra, pero con una densidad tal que un metro cúbico de su materia pesa tres millones de toneladas, lo cual corrobora nuevamente los datos del mito dogon. Sirio B fue descubierta en 1862, por el astrónomo Alvin Clark, y fue fotografiada por primera vez en 1970.

Comparativa de Sirio A y Sirio B

Los Dogones afirman que “Emme Ya” (Sirio C) es la segunda acompañante de Sirio y tiene a su vez un pequeño satélite que gira a su alrededor y que ellos la denominan “Nyan Tolo”, la “estrella de las mujeres”, lugar de donde puntualmente proceden sus dioses.

Este conocimiento de los dogones similar al de otras tribus vecinas como los Bambara, los Bozo de Segu y los Miniaka de Kutiala, que compartían iguales informaciones sobre Sirio, que además conformaban la esencia de su cultura y que incorporaban a sus rituales religiosos más solemnes.

Canis Major

El astroarqueólogo ruso Vladimir Rubtsov afirmaba que la palabra con la que los antiguos iraníes se referían a Sirio era Tistrya, palabra que proviene del sánscrito Tri-Stri, y que significa tres estrellas. Es decir, que el conocimiento de que Sirio es un sistema estelar triple fue ampliamente conocido por todas las culturas de nuestro más remoto pasado.

Sirio es la estrella más brillante de la constelación del Can Mayor (Canis Major) y recibe el sobrenombre de Alfa canis majoris (se asigna Alfa a la estrella más brillante de una constelación) que se puede transliterar como “la primera estrella del gran perro”.

Canis Major – Sirius

En el caso de la tribu de los Dogon, es inexplicable el conocimiento que detentan desde hace milenios sobre el sistema de Sirio, más allá de su argumento mitológico. No siendo detectable a simple vista, el nivel de correlación con la realidad de su entendimiento astronómico no encuentra lógica dentro de la línea de la evolución de las civilizaciones.

La Vía Láctea
La Vía Láctea es una galaxia espiralada de unos 100.000 años luz de diámetro, que contiene unos 400.000 millones de estrellas, entre ellas, el Sol. El Sistema Solar es uno de los sistemas planetarios de la Vía Láctea que se encuentra en uno de sus brazos, conocido como el Brazo de Orión.

El término Vía Láctea (que significa camino lechoso) es de origen romano, pero los primeros en darle dicha connotación fueron los astrónomos griegos Anaxágoras y Eratóstenes al acuñar el término “Galaxia” (“Gala” en griego significa leche).

En la mitología griega, la Galaxia se formó cuando Heracles, mientras era amamantado por su madre, la diosa Hera, arrojó hacia el cielo un chorro de leche. Para los incas era polvo dorado de estrellas. Para los egipcios, trigo esparcido en el cielo por la diosa Isis. Para los esquimales, un sendero de nieve que surcaba la oscura bóveda celeste. En otros casos, como en las alegorías chinas y japonesas, se refieren a ella como un río de plata celestial.

El libro de Enoc
El libro de Enoc, parte de los libros sagrados de algunas ramas de la tradición judeo-cristiana (pero apócrifo para otras), contiene una verdadera enciclopedia de astronomía, al punto de contener una sección entera denominada Libro sobre el Movimiento de las Luminarias Celestiales.

El libro en sí relata cómo Enoc ascendió a los cielos y fue instruido en  cuestiones relacionadas con la humanidad, la justicia, los astros, los destinos y demás temáticas trascendentales.

La tradición atribuye su autoría a Enoc, bisabuelo de Noé, que es lo que el libro mismo afirma. En la actualidad se cree que el texto fue redactado por varios autores entre los siglos III y I AEC. Las únicas versiones íntegras de este libro que se conservan están en la lengua litúrgica de la Iglesia etíope, pero son conocidas varias partes en griego, y un fragmento en latín. También ha sido encontrado un fragmento en copto y, además en Qumrán fueron hallados múltiples fragmentos en arameo y uno en hebreo.

En el Libro se menciona lo siguiente:
Y vi las cámaras del sol y de la luna, de dónde proceden y hacia dónde regresan, y su maravilloso retorno; cómo el uno es superior a la otra; su magnífica órbita y cómo no se alejan de ella y mantienen fielmente el juramento que han hecho uno a otro. Y después de eso vi el camino oculto de la luna y el visible y ella cumple el recorrido de su camino en ese lugar de día y de noche; y uno mantiene una posición opuesta al otro…
…me lo ha mostrado y revelado Uriel a quien es Señor de la creación del mundo ha subordinado las huestes de los cielos. Él tiene poder sobre la noche y sobre el día, para hacer brillar la luz sobre los humanos: el sol, la luna, las estrellas y todas las potencias de los cielos que giran sobre sus órbitas.

El hecho de hacer referencia a las órbitas del Sol y la Luna presupone cierto conocimiento de los planetas, los astros y sus movimientos que difiere bastante de la concepción geocéntrica de la Tierra plana soportada sobre 4 elefantes.

Luego continúa haciendo una explicación del equinoccio:
… El sol va desde esa quinta puerta y se oculta por la quinta puerta del occidente y nace por la cuarta puerta durante treinta y un mañanas a causa de su signo y se oculta por el occidente. En ese momento el día es igual a la noche, llegan a ser equivalentes: la noche tiene nueve partes y el día nueve partes. 

También argumenta que la Luna no tiene luz propia, tal como lo hizo Tales de Mileto (s.VI AEC):
Y Uriel me enseñó otro cálculo, habiéndome mostrado cuando la luz es transferida a la luna y sobre cual lado se la transfiere el sol. Durante toda la fase creciente de la luna, se transfiere su luz frente al sol durante catorce días hasta que se ilumina toda y su luz es completa en el cielo. El primer día es llamada luna nueva, porque desde ese día su luz crece.

Fuentes principales:
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