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24 de septiembre de 2017

Argentina 2017 (I): Afectivos, ilustrados, fascinados

Alejandro Lodi

Esta serie de ocho notas acerca de la carta natal de Argentina y sus momentos cíclicos relevantes para 2017 se basa en la charla realizada el 16 de junio en la Escuela de Lenguajes Simbólicos “Consideral”. Gracias a Beatriz Leveratto por ofrecer su espacio y a Ana Victory por la transcripción de la grabación.
Les voy proponer, inaugurando la práctica de una “astrología preventiva”, un mantra libriano disolvente de polarizaciones que dice:
“Ambas cosas pueden ser ciertas…”.
Quizás les parezca que no tiene sentido, pero vamos a tenerlo presente a lo largo de esta charla. Quizás no sea necesario recurrir a él, pero, si en algún momento de la conversación sentimos que  se impone, nos pondremos todos en posición de loto y diremos al unísono: “Ambas cosas pueden ser ciertas…”. (Risas). Les aseguro que tiene el mágico efecto de disolver polarizaciones.
Mi intención es hacer foco en el presente y valernos del pasado, pero sin irnos demasiado lejos en el tiempo. Vamos a intentar mantenernos en la segunda mitad del siglo XX y lo que llevamos recorrido del XXI, para proyectarnos hacia el futuro más o menos inmediato.
La carta natal de Argentina tiene tres tramas energéticas principales. Es algo que hemos desarrollado en otros encuentros (*), por lo que ahora solo presento una síntesis recordatoria.
Una de esas tramas está constituida por Sol en Cáncer y en Medio Cielo, en oposición a Luna en Capricornio y en casa IV. Argentina es Luna Llena. Sol en Cáncer simboliza una identidad nacional ligada a la calidez, al celo por lo propio, que valora lo sentimental. Se trata de la patria afectiva.

En astrología mundana, la Luna simboliza al pueblo y la casa IV al patrimonio, el pasado, la memoria compartida. Sol en Cáncer y Luna en casa IV configura una comunidad replegada en la pertenencia de origen, en la fidelidad a lo conocido y muy desconfiada de “lo de afuera”. Por su parte, el Sol representa a la figura gobernante  y el Medio Cielo a las posiciones de prestigio y honor. Sol en Cáncer y en Medio Cielo refiere a una autoridad de gobierno muy individual, de altos valores y gran calidez afectiva (o, por lo menos, la necesidad de que lo sea). Es decir, este recorte habla de la atracción por figuras de autoridad con fuerte personalidad, que nos gobierne y -sobre todo- que nos quiera, tal como un padre o una madre quiere a sus hijos. Con lo cual la relación entre pueblo y mandatario adquiere un carácter vertical. El que manda otorga con generosidad y la población recibe -agradecida- lo que le brindan. El gobernante no es uno más entre nosotros que asume una función destacada que lo compromete con la comunidad, sino que es una personalidad singular -cuando no un líder providencial al que se le rinde culto- que tiene atributos muy especiales y de cuya voluntad -benefactora y bien intencionada- depende nuestra suerte. Desde esta característica energética, nuestra entidad nacional tiende a adherir a líderes carismáticos y a concentrar el poder en la voluntad de caudillos benefactores (rasgo de los feudos), antes que a apreciar la circulación del poder y la alternancia en su ejercicio (valor de la democracia). Revela nuestra tendencia a una forma de gobierno presidencialista y uniforme. La búsqueda de organizar nuestras relaciones sociales alrededor del encanto de una figura fuerte, protectora, a la que solo resta obedecer con devoción filial.
Otro recorte de la carta es el que podemos llamar la patria ilustrada. Técnicamente está compuesto por Ascendente en Libra, Júpiter en casa I y Venus –gobernante de la carta- en casa IX.

Libra es abrirse al encuentro complementario. La cualidad de Libra es la capacidad de entregarnos al vínculo, establecer vínculo con quienes son diferentes y desconocidos, con quienes no compartimos memoria. Libra significa ofrecenos a vínculos que no son familiares y, en ese sentido,  es casi lo opuesto a la cualidad canceriana. Si en el primer núcleo energético hay mucho celo por lo propio, aquí hay una gran disposición de apertura a lo lejano, a lo extranjero y al viaje del conocimiento, a la aventura de las ideas y a la búsqueda de sentido trascendente e integrador. Esto promueve el idealismo y también una valoración jerárquica de la relaciones humanas que, en su modo polarizado, tiende a un elitismo aristocrático, a justificar inequidades en virtud de atribuir una superioridad moral a determinadas cosmovisiones y principios ideológicos o religiosos por sobre otras. Predispone a formas de organización social como la  de democracias calificadas, totalitarismos reaccionarios o vanguardias revolucionarias.
En principio, la patria ilustrada está en conflicto con la patria afectiva. No hace falta profundizar demasiado para descubrir que es la historia argentina: el gaucho o el extranjero, cerrarnos en lo propio o abrirnos al mundo, lo valioso está afuera o lo valioso está adentro.
Y el último recorte es el que podemos llamar la patria oculta o, mejor aún, la patria fascinada.

Es un contenido de la carta natal que involucra a Neptuno en Sagitario en aspecto con Plutón en Piscis en casa VI, a Quirón en Piscis en casa VI, a Júpiter en Escorpio. ¿Qué significa esto? Plutón es la función transformadora, la disposición a jugar profundidad e intensidad vital; y está en un área de hipersensibilidad (Piscis). Hay una enorme sensibilidad a la potencia curativa y regeneradora, tanto como una fascinación por lo épico y por el sacrificio redentor. El don de esta cualidad energética es una notable sensibilidad compasiva, la capacidad de percibir el sufrimiento del otro y propiciar su sanación; pero esa gracia puede quedar capturada por el hechizo de la entrega heroica. Es el encanto del arquetipo del mártir, del santo redentor, del mesías salvador, de la víctima propiciatoria o el chivo expiatorio. Morir por nobles causas, matar por nobles causas. En su distorsión más extrema, para este recorte la vida no vale nada y debe estar consagrada a ideales superiores. Los rituales de muerte y el sacrificio de la vida. Puede ser la aspiración del santo, la fuerza que mueve al  fundamentalista religioso, o la convicción fanática del militante ideológico. Para la astrología cada una de esas expresiones es la misma energía en diferente grado de manifestación.
Aquí aplica la paradoja de Neptuno, que representa la empatía capaz disolver toda separatividad entre adentro y afuera y abrir una sensibilidad amorosa universal, tanto como la ilusión convincente de encarnar el amor en contra del odio, el bien en contra de la mal, la luz en contra de la oscuridad, las víctimas en contra de los victimarios. De este modo, siendo la cualidad neptuniana la más próxima a la percepción de la realidad como polos en relación necesariamente complementaria (la percepción de yin-yang), puede generar la más severa disociación perceptiva en la que la conciencia se refugia en una burbuja ideal (la fantasía oceánica del paraíso en la Tierra, la sociedad sin clases, un mundo sin egoísmo…) y repudia todo contacto exterior que no la confirme. Este modo regresivo de lo neptuniano constituye la realidad como polos en conflicto excluyente permanente, la polaridad como batalla, el anhelo del triunfo definitivo de un polo sobre el otro y la entrega en sacrificio por el control de la circulación vital. Y es mucho más contundente cuando Neptuno está en contacto con Plutón. Se excita, entonces, la fantasía de absoluto, de que la realidad coincida con la visión de un polo (el verdadero, el nuestro). En los vínculos sociales esto se traduce en la polarización maniquea, en la percepción del otro como “un enemigo a destruir” antes que un ser humano distinto a mí con quien comparto la vida en comunidad.
¿Qué significa que estemos definiendo cualidades energéticas de nuestra entidad nacional? Significa que estamos transparentando patrones arquetípicos inconscientes que operan sobre nuestra conciencia colectiva, formas psíquicas que condicionan nuestras respuestas, que propician reacciones mecánicas y repetitivas, y que no resultan exclusivas de determinadas ideologías sino que las atraviesan. Cuando se activa su hechizo, podemos ver encarnados estos tres patrones en políticas de izquierda o de derecha, en posiciones conservadoras o progresistas. Aunque, por cierto, para percibirlo nuestra conciencia debe estar dispuesta a desencantarse de ideas afectivizadas, valores seguros o cosmovisiones cómodas en las que ha hecho identidad. Nada sencillo.
Los diferentes momentos cíclicos de la carta de Argentina activan a alguno de estos focos energéticos y presentan diversos desafíos a la conciencia colectiva. Los climas característicos de esos momentos indican oportunidades y riesgos. Simbolizan, en definitiva, crisis de madurez que marcan la revelación de lo que somos, el despertar de nuestras potencialidades o la evidencia de nuestras patologías.

Argentina 2017 (II): La oscuridad transversal
Alejandro Lodi

Luego de describir los tres tonos energéticos destacados de la carta natal de Argentina (la patria afectiva, la patria ilustrada y la patria fascinada), vamos a desarrollar la cualidad de los ciclos astrológicos del presente y de los próximos años.
Presentar ciclos y tránsitos significa abordar procesos. Quiero decir, no nos vamos a conformar con “la foto del momento”, sino que el presente no está aislado del pasado ni del futuro. Los acontecimientos de la actualidad son fase de un proceso que se viene desarrollando y lo seguirá haciendo. Tenemos la tendencia a creer que siempre estamos en un momento fundante de la historia, pero, en verdad, aun cuando puedan pasar cosas novedosas, todo lo que ocurre está dentro de una  lógica de proceso. La astrología es lógica de procesos. Cada cosa que ocurre es fase de un proceso, viene de algún lado y va hacia algún otro. Además, la astrología es circular y los ciclos se repiten. ¿Qué quiere decir esto? Que quizás para poder comprender lo qué estamos viviendo hoy, encontremos claves en las vivencias de esos mismos climas en el pasado. El pasado puede ser un condicionante que nos lleva a la repetición o también una referencia creativa; todo depende de la madurez con la que la conciencia (en este caso colectiva) haya elaborado los traumas de la experiencia.
Está ocurriendo hacia 2016-2017 una específica fase del ciclo de un planeta muy lento a la carta natal de Argentina: Plutón transita la casa IV, lo que además significa que desarrolla la cuarta fase del ciclo que comenzó cuando cruzó el Ascendente.

La primera vez que un planeta cruza el Ascendente de la carta de un país sí merece ser considerada como un momento fundante de la historia. Muchos más si se trata de Plutón, porque está inaugurando un ciclo de 250 años. El primer ciclo de Plutón en la carta natal de Argentina se inicia en 1982. Estamos astrológicamente legitimados a considerar que en esa fecha se inicia “una historia de Plutón” en nuestro país, que comienza a expresarse con una conciencia y visibilidad inédita,  y que todo lo vivido con anterioridad es una pre-historia plutoniana.
Pero ¿qué simboliza Plutón y cómo se lo considera en astrología mundana?
Plutón representa al dios de las profundidades infernales, de las intensas y oscuras honduras del alma, tanto transformadoras como destructivas, tanto nutritivas y vitales como tóxicas y mortales. En lo psicológico, es indicador de la pulsión. La pulsión vital es amoral, no está sometida a criterios de bien y mal. Por eso es, psicológica y físicamente, pulsión de vida y pulsión de muerte, eros y tanatos, lo creativo y lo destructivo: no hay creatividad (ni integridad) sin destrucción.
Plutón refiere a cómo la conciencia organiza la potencia vital. Plutón tiene que ver con el poder. En la carta de un país, aporta claves acerca de cómo esa comunidad organiza el poder, cómo circula y qué trama de relaciones genera. Se vincula con las relaciones económicas de producción, con la explotación de los recursos y de la fuerza del trabajo, con el mundo empresario y sindical. Como fuerza psíquica, Plutón en la carta de un país simboliza la pulsión de la masa, en su modo generador  y transformador, o en su expresión ciega y adictiva. Representa la fuerza de la vida: su organización, su sublimación creativa y su desborde destructivo.
Generalmente, a escala individual, los humanos reaccionamos a Plutón: sentimos la necesidad de concentrar el poder, para no quedar sometidos al poder del otro. Como naciones, hacemos lo mismo… y un poquito peor también. Concentrar poder produce mucha excitación, pero al mismo tiempo, mucho miedo. Con todo criterio, la conciencia sospecha  que, en verdad, está a merced del inconsciente, que irreversiblemente la fuerza pulsional de la vida doblega a la voluntad personal. En palabras del poeta Evaristo Carriego “en el fondo temible de tu alma anda suelto un espanto de fiera…”.  Plutón es el planeta de las adicciones. La sensación de que hay una fuerza dentro de nosotros  que no puede ser controlada por la personalidad, que se impone a ella y nos conduce a pesadillas. El apego a conductas que producen alta satisfacción y placer en lo inmediato, pero que terminan siendo tóxicas y autodestructivas.
Por primera vez en la historia de la Argentina, Plutón transita el Ascendente en 1982 e inicia el primer ciclo por la carta natal. Con la particularidad de que lo cruza de la mano con Saturno. El señor de los límites también comenzaba un ciclo en 1982. El protagonismo de la pulsión psíquica colectiva (Plutón) y del principio de realidad (Saturno). El inicio de un ciclo de la estructuración del poder en nuestra comunidad. Un tiempo en el que no es posible eludir los hechos que expresan los contenidos más sombríos del inconsciente colectivo, de asumir sus consecuencias para desarrollar madurez y regular el uso del poder. Un tiempo propicio para que cobre protagonismo y emerja a la luz de la conciencia colectiva todo el horror y el daño que pudimos provocarnos entre nosotros, todo el desprecio por la vida que pudo reproducirse en nuestros vínculos.
En 1982 la entidad nacional comienza a estructurar la expresión del poder, a construir la forma institucional que contendrá las relaciones de poder entre individuos, corporaciones, estamentos, clases. Esto incluye, por supuesto, el poder económico, el poder político y el poder religioso. Es una transformación cultural que coincide con la fundación de un bloque histórico. En sincronicidad, es el inicio de la era democrática.
En 2016-2017, Plutón ingresa por tránsito a la casa IV. El proceso iniciado en 1982 llega a su momento de forma (fase IV de un ciclo). Aquel modo de organizar el poder adquiere una definición, un formato. La democracia soñada en 1982 es la realidad que deja en evidencia el presente del 2017. Un momento crucial. La forma que adquiere la organización de la pulsión psíquica colectiva va a determinar el resto del ciclo.
Toma forma la organización del poder gestada desde la recuperación de la democracia en 1983. Y aquí hay un punto clave: la astrología nos dice que no podemos responsabilizar de lo que vemos hoy a lo que ocurrió antes de esa fecha. Las relaciones de poder que muestra hoy nuestra sociedad son la gesta de esta democracia. Toda la potencia transformadora y regeneradora que exhiba hoy el proceso histórico iniciado en 1983 es propia del sistema que hemos construido, tanto en sus luces como en sus sombras. La democracia surgida del horror ha generado otros horrores.
Aquí es donde el astrólogo calla y propone una meditación colectiva. Seguramente cada uno, con su sensibilidad, puede apreciar que hay una deuda ética y moral entre nosotros más grande de la que quisiéramos tener. Quiero decir, de la mano con el fervor democrático, la forma que ha adquirido Plutón en estos años ha transformado traumas y superado dolores, pero ha generado desigualdades severas y hábitos tóxicos graves. Más allá de nuestras creencias e ideas políticas, siendo muy honestos y sinceros con nuestra percepción, se ha hecho (se está haciendo) muy evidente una circulación y manejo muy oscuro del poder. Claro, compararlo con la oscuridad previa a 1983 permite “blanquearlo” porque nada podría ser más oscuro que aquello. Pero el ciclo de Plutón no permite esa treta autoindulgente: el ciclo empezó en 1983 y se trata del poder construido desde esa fecha.
Es el tiempo de asumir la sombra de la democracia. La violencia cotidiana, la exclusión social, el narcotráfico, los hábitos de consumo de drogas, la oscuridad de los servicios de inteligencia, la corrupción política, judicial y policial, la trata de personas, los crímenes y atentados sin resolución ni condena, son los hechos que transparentan la forma del poder gestada (o, al menos, reproducida sin solución de continuidad desde el pasado) desde la recuperación de la democracia en 1983. No es de otra sociedad ni se corresponde con otro sistema político, sino que es la oscuridad de la democracia a la que supimos dar forma en esta comunidad. No son patología de la democracia, sino de “esta” democracia. La salud de nuestra democracia dependerá de la madurez y responsabilidad con la que asumamos la toxicidad que circula en el sistema. Y con Plutón en tránsito por la casa IV descubrimos que hay más toxicidad de la que imaginamos.
Así como no podemos acusar al pasado, tampoco podemos señalar a una facción política, corporación económica o estamento social de esta. La evidencia horrible interroga e involucra a todos. La instalación del narcotráfico no es el perverso triunfo de un grupo, sino el logro de una red de complicidades (más activas, más pasivas) que involucra a la sociedad de un modo transversal.
Otra gran sombra de nuestra democracia es la cristalización de la pobreza. La pobreza estructural. La pobreza naturalizada. La generación de 30 % de pobres en nuestra población, cautivos de operadores políticos que asisten a cambio de favores electorales, sin modificar las condiciones de base, sin ofrecer horizontes de progreso, sin comprometerse con la transformación y reversión de la situación de exclusión. El 30 % de la población condenada a la postergación permanente (como lo fueron sus padres, como lo serán sus hijos), amenazada sin salida por la marginalidad, la delincuencia y la droga.
Pero ¿esto responsabilidad de la democracia que empezamos a construir desde 1983 o viene de mucho tiempo atrás y atraviesa toda nuestra historia?
Convoquemos al mantra: “Ambas cosas pueden ser ciertas…”.
De todos modos, la calificada responsabilidad del proceso democrático que iniciamos en sincronicidad con el tránsito de Plutón por el Ascendente en 1983  se hace muy evidente con el narcotráfico. El narcotráfico, la instalación del narcotráfico en nuestro país, es un oscuro logro de nuestra democracia. Es una de las sombra más pesadas de nuestra democracia. No sabemos cómo pero quedó instalado. Y si está instalado es porque esto ha sabido penetrar la capa política, policial y judicial. Más aún, el narcotráfico es un fenómeno cultural, incluye dimensiones que van mucho más allá de la institucional, Compromete la educación, el arte, nuestros hábitos y costumbres cotidianas. Y va de la mano con el progresivo deterioro de la calidad de vida y de la pobreza estructural.
Finalmente, en esta sustancia sombría que golpea a nuestra conciencia colectiva en el contexto de Plutón en tránsito por casa IV (es decir, en fase IV de proceso iniciado en 1983 con su cruce del Ascendente) sobresalen otros dos componentes que provienen de muy lejos y que mantienen una continuidad incómoda para nuestra conciencia democrática. Uno es el de la corrupción estructural, naturalizada en la amplia gama de estamentos de la sociedad: organizaciones políticas, instituciones judiciales, entidades empresarias y financieras, policías y agentes del orden, clubes de fútbol… El otro es la tenebrosa y persistente acción de los servicios de inteligencia y las fuerzas de seguridad, que operan casi desde una realidad paralela de la que nunca termina de enterarse el común de la población.
Estas sombras que atraviesan la historia democrática de las últimas tres décadas -la instalación del narcotráfico, la cristalización de la pobreza, la naturalización de la corrupción y la continuidad de los oscuros hábitos de sectores ligados a seguridad e inteligencia- son cuestiones que, aunque las incluyan, exceden la discusión política, la reflexión de académicos, o las posiciones fijas de nuestras ideologías. Su reversión no tiene nada que ver con el triunfo de ciertas ideas sobre otras. No es un tema de ideas ni opiniones, sino de condicionamientos emocionales y discernimiento consciente. Esas sombras son un trauma en el alma de la nuestra sociedad y, en ese sentido, comprometen a una transformación emocional colectiva, conducen a una crisis espiritual en el corazón de nuestra comunidad, convocan a una sanación de la memoria de nuestra entidad nacional compartida.

Argentina 2017 (III): Violencia, transformación y patología
Alejandro Lodi

Hemos presentado el actual tránsito de Plutón a la cúspide de casa IV de la carta de Argentina y considerado algunos de los significados y hechos sincrónicos con ese clima. Pero no es ese el único movimiento relevante de Plutón en el presente: también transita a Luna y Sol natales entre 2016 y 2018 (tal como lo hiciera antes solo en tres momentos de nuestra historia 1838-1842, 1928-1931 y 1978-1980).

Se trata de un evento astrológico que ya hemos presentado en otros artículos (*). Recordemos que simboliza un clima propicio para ver la oscuridad de nuestras figuras gobernantes (Sol) tanto como la que circula en la vida cotidiana del pueblo (Luna). La perversión del poder y la que hemos naturalizado en nuestros hábitos de relación y en la vida familiar. Es un contenido horroroso e inconsciente que acaso hemos negado o reprimido, pero que ya no podemos proyectar en los dirigentes que gobiernan y administran lo público. Si creyéramos que esas conductas de espanto son propiedad de aquellos que elegimos para que nos gobiernen, entonces los convertiríamos en “chivos expiatorios”: descargaríamos nuestra propia oscuridad en ellos y nos sentiríamos ajenos a lo que percibimos y nos incomoda. La oposición Sol-Luna de la carta de nuestro país nos recuerda -implacablemente- que lo que vemos en nuestros gobernantes (Sol) es nuestro propio reflejo como pueblo (Luna). Y cuando el clima que opera sobre esa oposición es el de Plutón, la evidencia reflejada es de terror y náusea. Por supuesto, en un plano hay responsables y es saludable que opere la justicia y establezca sanciones y penalidades; pero, si eso condujera a que, como comunidad, colguemos sobre ellos nuestro insoportable sentimiento de culpa, entonces no nos quedará otro destino que seguir conviviendo con nuestros monstruos (¿inconscientes?) y permanecer cristalizados en la victimización, ya a extremos de una patológica manía de repetición.
Es un momento crucial. Antes que resolver una situación dolorosa, un tránsito de Plutón propicia que el dolor salga a la superficie y ya no sea posible ocultarlo, como paso previo y necesario para su curación transformadora. Meditemos en la referencia histórica del anterior clima plutoniano sobre el Sol-Luna natal: cuando Plutón recorrió los grados 17 y 19 de Libra entre 1978-1980.

Es el momento en el que sale a la luz un secreto, una verdad oculta de la que no estábamos enterados o no queríamos enterarnos. No se trata solo de las atrocidades del último régimen militar (sinceramente, creo que si nos quedáramos allí nos extraviaríamos), sino de asistir a la sombría crueldad que circula a lo largo de la historia de nuestra sociedad. No es la primera vez que acontecimientos históricos exponen esa evidencia, pero en aquellos años el grado de odio y de desprecio por la vida del otro se manifestó de un modo tan brutal que excedió las justificaciones culturales, ideológicas o religiosas en la que históricamente lo habíamos anestesiado. Hoy Plutón nuevamente nos interpela: ¿somos capaces de sostener ese discernimiento y asumir la evidencia que nos compromete, o cedemos al encanto adolescente de narcotizarlo con eslóganes, consignas y frases hechas autoindulgentes? La distancia entre una variable y otra es -tratándose de un contexto plutoniano- la de la transformación y  la regresión, la sanación y la patología.

Plutón en tránsito a Sol natal indica tiempos de profunda transformación de la identidad nacional y de expresar su potencia, tanto como de asistir a la sombra de nuestro orgullo patriótico y de los traumas del pasado sobre los que hemos construido la imagen que tenemos de nosotros mismos. Para la astrología mundana, además, todo ello se corresponde con los atributos de las figuras gobernantes; más específicamente, jefes de Estado, ministros y altos magistrados de la justicia. Lo que percibimos en quienes nos gobiernan -sus cualidades transformadoras en beneficio de activar las potencialidades de la comunidad, tanto como sus abusos, corrupciones y megalomanías- está en correspondencia con contenidos inconscientes de nuestra identidad argentina. Como comunidad, reconocernos en lo que vemos proyectado en los egos gobernantes es la condición para iniciar un proceso de sanación de las tóxicas características de nuestra soberbia nacional. Un momento oportuno para distinguir el don del orgullo como sinónimo de honor de su falsificación en vanidad. La honorabilidad es generadora y estimulante; la vanidad es destructiva y anuladora. El orgullo honorable -maduro y responsable- implica una afirmación en el mundo; el orgullo vanidoso -demandante y apropiador- representa la negación misma de los vínculos.

Plutón en tránsito a Luna natal, por su parte, nos dice que hay mucho más dolor circulando entre nosotros del que nos animamos a confesarnos. Hay oscuras memorias, resentimientos y culpas, de las que no somos conscientes y que contaminan nuestros vínculos. Existen indiferencias, desprecios e ignorancias de hechos y situaciones que atraviesan de sufrimiento a gran parte de nosotros. Quizás ni siquiera aparezcan registrados adecuadamente por los medios de comunicación, ni considerados de un modo efectivo por las instituciones del Estado. Uno de esos temas es el de la instalación (progresivamente sostenida, al menos, desde hace 25 años) del narcotráfico en nuestra sociedad, no solo como negocio, sino como cultura. Esto representa una horrorosa degradación de valores de convivencia y una naturalización de la violencia. No sé qué sienten ustedes, pero no parece ser una situación que reconociéramos, que realmente percibiéramos próxima o en la que asumamos que estamos involucrados.
Pero atraviesa la sociedad. Se ha desarrollado una cultura violenta. Se ve en el fenómeno del fútbol, con las barras bravas involucradas en el negocio de la droga y controlando clubes, con la violencia y el desprecio por la vida del otro que implica que no se permita público del equipo visitante…

Es cierto, en los partidos de fútbol no puede haber simpatizantes de los dos equipos porque -institucionalmente- asumimos que no puede asegurarse la vida de los concurrentes. Y, de todos modos, sigue habiendo muertos en los partidos, porque se agreden entre integrantes de la misma barra a partir de disputas de poder y del negocio de drogas. Es un síntoma de espanto. El reflejo del maltrato establecido en nuestras relaciones cotidianas.

En los últimos años hay madres que comenzaron a asociarse, sobre todo en el conurbano bonaerense y en Rosario, a partir de que sus hijos han muerto víctimas del consumo las drogas y del narcotráfico. Son mujeres que “ponen su pellejo” y que se exponen a morir ellas también. Hay madres que han sido asesinadas. Y  no entiendo cómo no son registradas. No sé por qué el asesinato de una de esas mujeres no es tan relevante como otros acontecimientos criminales de nuestra historia política. Si cediera al encanto conspirativo, diría que hay una intención para que la información de esas muertes no circule. Pero prefiero la opción de que nuestro inconsciente colectivo elige no enterarse de eso, quizás porque sea demasiado horrible la verdad que revelan esas muertes, tal como en su momento lo eran los desaparecidos. Tenemos que recurrir a Google para recordar el nombre de alguna esas mujeres asesinadas, como el de Norma Bustos, desaparecidas de nuestro registro consciente. ¿Cuántas más habrá que no llegan siquiera a las crónicas periodísticas? Estoy convencido que si nuestra conciencia colectiva fuera lo suficientemente sensible, esas mujeres, nucleadas a partir del dolor y de la necesidad de sanarlo con la verdad, conformarían algo análogo a lo que fueron las Madres de Plaza de Mayo, precisamente en los tiempos del anterior tránsito de Plutón a Luna natal de Argentina (1978-1980).

Es lo que te iba a decir. Esa negación del conflicto y de la realidad dolorosa no es nueva en la Argentina…


Exactamente. Por eso, también tendría que haber una transformación de lo que significa hoy tomar una responsabilidad como referente de los derechos humanos, porque va a comenzar a resultar anacrónico asociar derechos humanos con acontecimientos violentos de 40 años atrás, desconociendo lo que está pasando hoy. El tema es que tendríamos que liberarnos de moldes ideológicos a los que nos hemos acostumbrado y que definen cuáles son los motivos de reclamos humanitarios válidos y cuáles no. La cultura narco no parece estar dentro de ellos. No asociamos el narcotráfico como una actividad que atenta contra los derechos humanos de los miembros de nuestra comunidad. La verdad puede ser horrible: tal como descubrimos a finales de los 70 que la desaparición forzada de personas respondía a un plan sistemático implementado desde el Estado ¿cómo conmovería a nuestra conciencia colectiva la comprobación de que el negocio del narcotráfico -con la degradación moral y la comisión de crímenes que implica- no es una actividad delictiva marginal, sino que ha encontrado una necesaria complicidad de los poderes del Estado, cuando no a los mismos protagonistas?

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